viernes, 28 de agosto de 2020

Proyecto de escritura creativa en línea "Rosa Deshojada: El Concurso de Cuentos". N.N. - Día 167, 28 de agosto

15 a 28 de agosto 2020

Proyecto de escritura creativa en línea.


Experimento de creación literaria que incluye las experiencias y emociones de los participantes en el Concurso de Cuento Corto Las hojas de Rosa.
En un tono entre realidad y ficción, íntimo y humorístico, la historia se desarrollaría en modo flashback. Apareceríamos nosotros y podrían incluirse también personajes de nuestros cuentos, incluso intertextualidad de obras de grandes autores, se propone que aparezca un detective, ya que al final Pilar Villanueva (personaje) muere a manos de uno de los escritores que no está conforme con el resultado del concurso.
Se propone que alguien tome la voz de Rosa, que relata su iniciativa de hacer los vídeos y, poco a poco, incorporar al resto de participantes con nuestro propio pulso, aparecerán los personajes de los cuentos y las vidas de los participantes del ejercicio (siempre que se desee), no su edad, ciudadanía o religión, sino cómo llegaron hasta aquí y desde qué lugar, qué hacían, por ejemplo, cuatro días atrás. Cómo se dio esta sincronía.
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Preámbulo:

A finales de agosto de 2020, Rosa Montero es entrevistada con motivo de la publicación de su última obra, La Buena Suerte, pero al empezar a hablar de la misma no puede evitar recordar las charlas de media hora a las 19:00 horas durante los días más duros del confinamiento, y que en realidad, la primera presentación de su nueva obra la hizo en una de esas charlas. Refiere lo emotiva que esa experiencia ha sido para ella, y añade:
-Me hubiera gustado estar en la vida de cada uno de los participantes en esas charlas, al menos en la de aquellos que después se sumaron al proyecto de escribir una historia con dos personajes descritos por dos participantes. Me gustaría saber qué hacían unos días antes, cómo fue que conectaron con la charla, por qué se sumaron al proyecto, en qué se inspiraron para escribir sus historias... ¡Ha sido tan increíble y mágico todo esto! ¡Ah, y además se va a celebrar un concurso de cuentos y el fallo será muy pronto!

 

Lo que Rosa ni nadie podía imaginar entonces es que, tan solo unos días después, muchas otras personas conocerían todo eso sin pretenderlo, por los acontecimientos que tendrían lugar.

Alertada por la llamada de Rubén, el señor del ático, el de la acera de enfrente, la policía acudió al edificio. El fuerte olor que salía del piso inferior al suyo lo obligó a llamar. Su querida Mela, que conocía a la señora Pilar Villanueva desde hacía unos años, y tenía sus confidencias con ella, se sintió muy afectada por lo ocurrido y decidió que no bastaba con la intervención policial, así que se planteó hablar con Luisa para contratar los servicios de un detective privado, antigua amiga común, y bien conectada con las fuerzas del orden. Era preciso aclarar los términos de la muerte de Pilar ya que temió que, incluso, otros vecinos pudieran estar en peligro y correr la misma macabra suerte.

La detective Naranjo, afectada, se conecta por videoconferencia con Luisa y con Mela. Les refiere que estaba al tanto de unas amenazas que Luisa le comentó confidencialmente, pero nunca pensó que pudieran materializarse en Pilar. Les muestra un correo electrónico que recibió de una mujer que firmaba como Maru algunos días antes: "Te refugias en los libros y la escritura. La búsqueda de una vida menos rutinaria te lleva a crear historias en las que Luisa protagoniza una vida irreal, menos rutinaria. Tu espacio, antes propicio para la creación, ha sido invadido, escapas tras la pantalla, continuas esa novela postergada pero asustada la abandonas, resulta inquietante, se ha vuelto autobiográfica, incluso predictiva, no sabes en qué momento estructuraste un futuro disfrazado de ficción, no quieres escribir los siguientes capítulos. El ordenador rige tu destino porque así lo has decidido. La escaleta de los años venideros ha sido escrita y el autor juega el papel más importante. Hoy como nunca el libre albedrío es un misterio. Escapas de ese itinerario disfrazado de novela y buscas distraerte, has dado con Rosa, la autora en la que te reflejaste al definir lo que significa la escritura, y es que tu locura habita no solo tu mente, domina tus acciones y relaciones sociales. La huésped de tu casa deambula en libertad y aparece a deshoras, te asalta de madrugada, en la autopista, en eventos políticos y trámites burocráticos. Escuchas con detenimiento a la escritora, espera, no te asustes pero se trata de un espejo, decides seguirla cada semana, descubres que permite dialogar con ella y a destiempo te comunicas con una parte de tu proceso creativo. Te emociona que mencione la trama de una nueva historia que ha surgido en tu cabeza. La siguiente sesión decides proponer un proyecto para dar a conocer autores nuevos, es un camino largo, no claudicas, la realidad se mezcla con la ficción. Escribes una historia nueva mientras lees a Pavese y ahora Luisa tiene un hijo llamado Julio y tu loca se despierta, le roba el lenguaje a Cesare y como poeta dadaísta intentas crear un cuento ajeno a tu estilo. Has tardado más de lo normal, el sistema no ha sido el usual y el resultado ha sido extraño a tus ojos. Las metonimias abundan y te asquean, incluso el resultado tiene una historia debajo de otra, debajo de otra, recuerdas ese cuento de Arredondo que de manera sutil descubre un incesto, pero no es Estío, nunca serás Inés, decides deshacerte de la historia y la envías a alguien más. Que ellos se encarguen de mejorar ese bodrio ahogado en melaza. La convocatoria está hecha.

Los autores deciden enviar sus cuentos muy tarde y este hecho te llena de inseguridad. El jurado ha decidido, el resultado no ha gustado a todos, entre los escritores hay quien cree merecer el triunfo, recibes amenazas anónimas, incluso prometen quitarte la vida, tendrás que reescribir tu novela. Lees nuevamente los cuentos. Quieres encontrar al autor que ha alterado los capítulos de tu vida, pero sabes que cualquiera pudo haber creado el correo tevasamorirmaldita@gmail.com para amenazarte. Ha firmado El alérgico de las palomas. Pides ayuda en los tres grupos pero sabes que tus días están contados".

 

Capítulo uno:

 

El vínculo de amistad con Luisa y Mela fuerzan la decisión de la detective Naranjo, que excepcionalmente acepta el caso, a pesar de que ahora no se encuentra en activo. Empieza a organizar su trabajo entre sus típicos ataques de ansiedad. Este caso no la va a ayudar mucho a mitigarlos, todo lo contrario, se presta a potenciar sus alucinaciones entre el plano real y la fabulación. ¡Se enfrenta al asesinato del personaje de un cuento! Saca una botella de Rioja y se sirve una copa para sacudir la confusión, la termina de dos tragos y se sirve otra, y otra, hasta vaciar la botella. Rumia sus pensamientos, revisa sus últimos tiempos.

La llamada de Luisa ha vuelto a sacar de mí a la detective de hace unos años. Me jubilé hace tres y pertenezco a una de las primeras generaciones de mujeres que asumimos las investigaciones de la policía. Disfruto de mi retiro en un lugar de la costa cantábrica, una casa alejada de urbanizaciones y frente a una caleta de piedra gris. Estoy acostumbrada a nadar en sus aguas, aunque, a veces, el frío es intenso. Entre mis pasatiempos está el escribir novelas policíacas para las que dispongo de mucho material de mis años en activo. Entré en los cuentos de Rosa porque su altruismo me cautivó. Era fascinante reunirse con un montón de gente de diferentes países el mismo día y a la misma hora para que nos contara su experiencia como escritora. Incluso yo presenté un cuento de cuando vivía en una corrala de Madrid. Era un proyecto fantástico. Nunca pude imaginar que derivaría en la historia que me ha contado Luisa. Alguien que le envía anónimos a su personaje y que quiere matarlo. Del análisis de los correos electrónicos que me ha reenviado mi amiga averiguo que el autor es alguien con conocimientos avanzados de informática, no ha dejado huella de la IP, ni del país de origen del correo. Eso ya es una pista. Decidimos sugerir en los grupos que se escriban algunos datos más de los participantes, como la profesión, las aficiones; datos para añadir a unos currícula que conformarían las antologías. No ha habido ninguna queja, el autor de los correos tampoco se ha manifestado, parece que no se ha dado cuenta de que estamos al acecho. No dispongo de mucho tiempo para leer unos ciento noventa informes y otros tantos cuentos. No me importa, mi vida social y mis viajes están anulados por la pandemia. Esta investigación se va a convertir en el entretenimiento de la reclusión que me he impuesto dado que no me apetece ser vehículo de transmisión de un virus.

Hago dos grupos con todos los participantes: los perdedores del concurso y los otros. No descarto, de momento, a los ganadores, no ha aparecido un motivo para el envío de las amenazas. Lo más lógico es pensar que alguien se ha sentido rechazado por el resultado y ha despertado su instinto más primitivo, pero puedo equivocarme. No puedo permitir que a Luisa le pase algo.

En algún momento tendrá que abandonar su refugio y romper de forma puntual su confinamiento.

Se levanta a la cocina y busca la otra botella de Rioja que le queda. Entre copa y copa continúa con sus cábalas hasta que deja la botella seca y el sueño la vence.
 

 

Capítulo dos:

 

Tras un espejo de Gesell la detective Naranjo cuestiona a Gema sobre Olga Blanco, y sobre sus motivos para entrar a las clases de Rosa Montero.

 

---Mi historia se remonta a hace unos años, cuando Olga y yo comenzamos a asistir a un taller literario de novela histórica, nuestra preferida. Era impartido por un escritor de cierto renombre y extraordinaria habilidad creativa, en un antiguo palacio de una de las principales calles de Valencia; tan solo con el escenario del que disponíamos durante las clases, las historias fantásticas ya nos venían a la cabeza. No sé bien el motivo, o a lo mejor sí, pero S. comenzó a llamar afectuosamente a Olga "la asesina del grupo" y eso me hizo querer superarla; es consabida la rivalidad entre amigas, y más si son las más cercanas. Aun sin conocerse de verdad, cómo en el tiempo fui descubriendo.

Comencé a proporcionar el protagonismo de mis obras a homicidas, asesinos y psicópatas; sin saber que convivía con una. Intentando crear empatía entre el lector y los desdichados personajes, que sentían la necesidad de hacer daño a otros, tal vez por venganza, miedo o, lo que es peor, placer.

Aunque al margen de ello la vida seguía, y después de vivir la trágica separación de Olga, durante los primeros días de esta maldita pandemia opté por cambiar, drásticamente, mi destino; y entonces fue cuando recordé la recomendación de S., durante nuestro último encuentro docente. Hay que leer "La loca de la casa" de Rosa Montero, es una obra maestra en la que confluyen los más deseables y hermosos recursos de un escritor. Y no solo la releí sino que busqué consuelo en su autora, en sus palabras, en algunos de sus otros múltiples libros, en sus ganas de vivir, en su desinteresada manera de regalar sabiduría; tan solo tuve que seguirla a través de su Facebook, y la magia surgió. Se creó un proyecto, afín a sus enseñanzas, en el que sus admiradores podíamos formar parte de una obra común, junto a ella, nuestra heroína. Y yo cómo no, como las cabras tiré al monte, y sin darme cuenta, conté la historia de "Olga la seductora" en mi relato, "Saliéndose de los límites" porque hay que aspirar a más, pero sin olvidar lo pasado.

---¿Me vas a decir Gema Blasco que tenías acceso al palacio de Valencia para unas clases de novela? Ese lugar está reservado a políticos y monarquía; tu historia no se sostiene, hay algo que no me convence.

---¡Ah! No siempre el asesino confeso es el culpable, ¿o tal vez sí?

 

Durante el resto del día la detective Naranjo realiza dos interrogatorios más. El resto tendrían que esperar otro momento.

---Paqui, cuéntame qué experiencia han supuesto para ti los encuentros con Rosa.

---Me siento como una niña que descubre, investiga y se deja llevar por el juego de dar vida a personajes que pululan en mi cabeza.

Siempre he imaginado historias, creado películas, pero nunca pasaban de mi cabeza al papel o si se iniciaban, se quedaban a medio camino. Falta de oficio, pereza, o como me definió un amigo hace muchos años "...de blanda pluma".

Fue caprichoso el azar, y me brindó esta maravillosa aventura para disfrutar-disfrutarme-disfrutaros. No sé a dónde me llevará este camino que he iniciado, no me importa.

---Entiendo que ahora sientes que puedes llevar a cabo algo de forma completa, sin dejar ningún cabo suelto.

---No sé qué está sugiriendo, yo no tengo nada que ver con lo ocurrido. He aprendido que el ejercicio de dibujar y crear con palabras, expresar emociones, en un momento difícil para todos y especialmente para mí, ayuda a superar muchas cosas y crecer.

---Puede que alguno de sus personajes se haya sentido infravalorado por no ser el premiado y haya...

---Detective, insisto en que ni yo ni mis personajes hemos tenido nada que ver con esta tragedia.


---Araceli ¿cómo llegaste a los encuentros con Rosa?

---Con la nueva normalidad de encierro que se avecinaba, adquirí un dispositivo que me permitiría empezar mi pequeña biblioteca digital. Así que me di a la tarea de conocer las novedades de mis autores favoritos, busqué a Rosa, y descubro un mensaje reciente; anuncia la partida de su madre, me solidarizo y la abrazo en la distancia, sé por experiencia propia que el dolor nunca desaparecerá, solo se queda impregnado en nuestro cuerpo, aprendemos a vivir con él.

---¿Y eso cuando fue?

---Fue el 14 de marzo, un poco después empecé a escuchar sus charlas en vivo. Poco a poco la voy conociendo, ella tímida, la vi triste, hace sus pinitos con la tecnología, en una ocasión su imagen la retransmite de cabeza. Conocimos su casa, presentó a Petra y Carlota, y nos abrió su corazón. Yo, al principio, sólo veía sus charlas, no me atrevía a escribir, y cuando por fin lo hice, ¡sorpresa!, ella reaccionaba a mis saludos y comentarios. Cada semana la pantalla cobraba vida, su sonrisa se hizo fácil, sus palabras salían a borbotones, llenas de luz, de imágenes y colores. Las historias fluyeron en mi mente, los personajes fueron mis compañeros de confinamiento, recreé la tristeza de un niño solitario de la infancia, José. Se quedan impresos esos momentos, y se ilumina otro camino, aparece Luisa, se atreve a proponer un concurso con nuestros escritos (más atrevida yo al participar); la historia apenas comienza...

---Y mal ha terminado. Tu historia parece muy sincera pero, de tan sincera, ¿no crees que tú, capaz de crear a José, ese extraño niño solitario que se merecía mucho más en su vida literaria, no crees que tú, por despecho, has tomado represalias por el fallo del concurso? Tú eres nuestra principal sospechosa Araceli, resides en la misma ciudad que Luisa. Puedes haber sido contratada por otro escritor para llevar a cabo tu crimen.

---Inspectora Naranjo, puedo entregarte todos mis dispositivos móviles, te los enviaré por paquetería. Esto es una acusación muy dura. No tengo nada más que hablar contigo.

---Estaremos en contacto Araceli, la historia apenas comienza...

 

Capítulo tres:

 

Exhausta por los interrogatorios del día anterior la detective Naranjo determina tomarse una jornada de descanso y reflexión. Le llama la atención el correo electrónico utilizado para amedrentar a Luisa Villanueva "tevasamorirmaldita@gmail.com", que ya en sí mismo es una amenaza de muerte, pero más aún le llama la atención que los correos los firme "El Alérgico de las palomas" porque deteniéndose a analizar a los personajes, ninguno era alérgico a las palomas y sí al chocolate. ¡Ahahá! ¿El autor de los correos es alérgico a las palomas o alguno de los personajes lo es? ¿Es un hombre, el autor de alguno de los relatos, el que amenazaba a Luisa, o es una mujer, una autora, que al firmar cambia de sexo como técnica de despiste? La detective Naranjo echa en falta no tener otra botella de Rioja, le vendría bien ahora. Irá a comprarla más tarde. Abre el correo electrónico para volver a leer las amenazas y se encuentra en el spam un correo de Ana Cecilia, de días atrás.

"Julián está en su casa, hace ya cuatro semanas le alcanza la comida un vecino –siempre le cayó bien ese tipo-, y su hermana Marcela le trae las medicinas los sábados. Se contagió el Corona virus en la panadería, «dónde más estuve cerca de gente», analiza continuamente. Quién le hubiera dicho, tanto lavarse las manos, y los barbijos reusables –confeccionados por su compañera de oficina- compró los de Marvel, pero ni sus héroes lo salvaron. El malestar le vino de golpe y con ahogos; «échese boca abajo», indicó el médico por teléfono. Por momentos siente que desespera y hace grandes esfuerzos por acomodarse con almohadas y cojines; y va descubriendo que es más sereno de lo que pensaba. Lo único que lo acompaña son las redes y videos online. Un sábado después de almuerzo se conecta al Facebook y escucha una voz femenina, se deja mecer por su timbre cálido y divertido; luego pone atención a los comentarios interesantes que hace; y cae en cuenta que es la autora de aquel libro que le recomendó tanto su ex: Historias de Mujeres. Otra sorpresa. Y empieza a seguir los directos. Estar enfermo y solo va siendo muy difícil, «no sé qué haría sin los miércoles y sábados que Rosa Montero nos habla, y sin su peculiar –queridos- que me hace tanto bien», piensa para sí mismo. Empieza a imaginar cosas y a escribir; escribe sobre lo que ve por la ventana, lo que escucha mientras está echado. Literalmente, siente que los ejercicios que la escritora propone se han convertido en el centro de su vida; eso, comer algo, y dormir para soñar, porque también anota sus sueños. Ahora anota todo. Y así, sin darse cuenta, se apunta al grupo -con otra gente que de pronto siente muy cercana-, y escribe su cuento. «Ya no soy un contagiado, ahora soy un escritor», les comenta riendo a sus colegas del trabajo cuando lo llaman a preguntar por su salud. Con ilusión y la ayuda de su hermana envía el cuento; no está mejorando y el médico ha recomendado internación, cuando le diagnostican «soplo al corazón» como enfermedad de base, sonríe pensando «buen título para un nuevo cuento». Pero el otoño y sus pulmones no resistieron. El último sábado de septiembre, Marcela pasa a recoger su ropa –sabe perfectamente que su hermano habría querido que la regale, y eso va a hacer-, en el buzón encuentra un sobre remitido desde México: Julián había ganado póstumamente el concurso para la Antología. En las redes su epitafio reza: «Regando las rosas en la azotea y haciendo carmín con sus pétalos tuve los días más felices de mi vida».

 

Después de leerlo descarta interrogarla, debe estar muy triste porque su personaje ha muerto, y sin saber que había ganado el concurso. Ahora estará en alguna parte con tantos personajes que murieron a manos de los autores; entre algunos había saltado una chispa de especial atracción, puede que la muerte les ofrezca la oportunidad que no les terminó de conceder la vida. Continúa revisando correos y abre otro de Sylvie, que ha respondido al que ella le envió. Pero es un mensaje realmente extraño, además, no lo firma Sylvie. Esto está tomando un cariz de todo menos normal.

"Acabo de enviar una llamada de auxilio en código por si llegara a manos de algún humano que haya podido escapar del derribo. Yo estoy encerrada y no puedo salir. Bueno, mejor dicho: Estoy atrapada. Y ahora sé porqué. Contaré aquí brevemente lo sucedido, pero ruego a quien encuentre este testimonio, lo destruya enseguida pues no quisiera dejar pistas evidentes sobre la cuestión que me atañe. Si el cuento que es mi llamada de auxilio, también llegase a tus manos, éste desvelará más que suficiente sobre mí y sobre otras cosas importantes en este embrollo. Si descifras su código secreto serás digno de toda mi confianza.

Sucedió la noche del 14 de Marzo. Yo iba en un avión rumbo a las montañas Apandémicas de la Selva Blanca, para reunirme con un incandescente compañero. El encuentro era crucial, mas por ahora no puedo dar detalles.

Una tremenda tormenta de energía y emociones zarandeó tanto al artefacto que caí estrepitosamente al mar. Al principio nadé y buceé con todas mis fuerzas. Sin parar, nerviosamente, como las avispas borrachas que caen accidentalmente en nuestros tintos de verano. Tras varios días sin éxito alguno, sencillamente me dejé flotar a la deriva hasta que al final, desfallecí.

 

Por suerte, aunque no se cuándo ni dónde; desperté. Era un alivio saberme viva, aunque sin embargo noté que también estaba encerrada. Me hallaba dentro de una caja compuesta por 6 paneles opacos y uno traslúcido, a modo de ventana… pero totalmente oscura. No podía ver nada a través de ella. Mi realidad había cambiado totalmente de la noche a la mañana y pensé que iba a perder la cabeza, con la que ahora podía hacer todo tipo de malabarismos. Empezaron a ocurrírseme también todo tipo de chistes terribles "Cómo se rie un ojo?.... Ojojojojojo!!!" Y me reía yo sola hasta perder el aliento... aunque a veces cesaba de sopetón al recordar que seguía perdida, y lo que es peor: ¡Encerrada! Aún no comprendía lo que estaba pasando.

 

Por fin, alguien encendió la luz al otro lado de la ventana. Pude advertir la imagen de una mujer con pelo de color castaño. En seguida se hizo notable su carácter jovial. También podía descifrar lo que parecían ser unas cuantas... ¡¿salamandras?! Por desgracia, todo estaba pixelado, pero sinceramente esto era lo de menos. Grité y grité, desgañitándome “¡¡¡Por favor, sácame de aquí!!! Estoy atrapada en esta caja, justo delante de ti ¡¡¡Aquí, aquí!!! Sácame... ¡¡¡Por favor!!!!” La verdad es que no sé si me oyó, pero entonces tuve la sensación de que yo no era la única que pedía auxilio. Quizás fue el aullido de tantas personas en busca de salvación lo que hizo que instintivamente ella respondiera a la llamada. Y lo hizo de la mejor manera posible. Comenzó a contar historias todas las semanas, haciendo así que me sumergiera en mundos imaginarios que yo misma había encerrado dentro de las opacas paredes de mi cabeza, sin usar demasiado la ventana traslúcida de mi percepción pixelada. De esta manera conseguí encontrar mi libertad. No estoy encerrada, sino atrapada. Y hay escapatoria.

 

Pero mi querido lector confidente, te advierto de que efectivamente hay mucha gente atrapada, y tal como te cuento al principio de esta carta, ni siquiera yo he podido salir del todo aunque haya encontrado la llave. Así pues, si lees esto y además puedes descodificar el mensaje que mandé ayer día 1 de Julio, en dirección a la esperanza del espacio sideral interior, quizás seas tú el elegido.

 

De ser así, mi querido amigo, una vez te reúnas conmigo prometo contarte mucho más. Te lo contaré todo. Sin embargo por ahora... recuerda: Has de destruir cuanto antes este mensaje. Pues no olvides que las tormentas de energía y emoción intensa, aún acechan intentando derribar los aviones de papel multicolor... Esos que vuelan sin control alguno sobre y bajo nuestras cabezas, sin saber cómo ni quién los ha lanzado, ni por qué aparecen y desaparecen, cosa que a algunos molesta y creen innecesario.

 

Nunca entenderé ese afán por exterminarlos, si tan sólo pretenden adornar un poco el lienzo de la existencia cuando ésta se torna demasiado gris. Es un trabajo arduo, pero alguien tiene que hacerlo. Y por eso, amigo mío, por eso a mí me atraparon. Ahora lo sé. Aquí sigo, y espero que mi mensaje de auxilio llegue a buenas manos.

 

Es imperativo que pueda liberarme del todo y así reunirme con el Sol. Es imperativo que todos podamos.

 

Atentamente, Selvoi."

 

---¿A qué código secreto se refiere el autor de la carta que le envió Sylvie? Ella no sabe nada al respecto. ¿Puede tratarse de una pista alertando de que Luisa se suicidó? No hay que descartar nada. Menos mal que ya me abastecí de alguna botella de Rioja -pensaba la detective Naranjo-.

 

La copa llena le resultó un alivio para afrontar otro correo en respuesta al que ella envió, era de Lydia; muy brevemente le pedía que a la lectura del mismo contactara con ella por videoconferencia. Lo hizo. Mientras se realizaba la conexión recordó que ya había hablado con Lydia hacía no mucho.

---Buenas tardes señora Lydia, soy la detective Naranjo, es por lo de su correo, dígame.

---A mediados de marzo recibí el siguiente correo: "Estimada Lydia: He tomado la decisión de suicidarme en los próximos días. Necesito pedirte un favor importante, escribe mi historia pero no la publiques. Debes enviársela a dos personas: Rosa M. y A. LaMala. Tú sabrás cómo localizarlas. Evita hacerme preguntas o reclamos. A partir de este momento cancelo toda conversación. Sólo me resta agradecerte el acompañamiento sincero que me diste en una época de mi vida. Quizás nos volvamos a encontrar en alguna reencarnación. Andrés".

---Muy duro, sí, lo estoy investigando, y también la muerte de Pilar. Este concurso está llevándose a más de uno por delante.

---Debo confesar que la decisión de Andrés no me sorprendió, hacía tiempo que él lo venía diciendo, pero sí me puso muy triste. Cumplí cabalmente con sus instrucciones y en pocos días recibí una respuesta muy breve de las personas a quienes envié la historia. Ambas confirmaron haber recibido el correo sin añadir comentarios.

En el transcurso de los siguientes meses continué enviándole correos y mensajes a Andrés. Me llamó la atención que su whatsapp, su cuenta en Facebook y su correo seguían funcionando, pero jamás recibí respuesta. Me quedé con la duda acerca de lo que realmente había ocurrido.

Hace unas semanas, detective Naranjo, usted me contactó por telellamada con el fin de interrogarme acerca de la muerte de Andrés. Después de los saludos obligatorios me dijo que sabía que yo era la autora del relato que recibieron Rosa M. y A. LaMala. Quería más datos al respecto. Le reafirmé que lo único que tenía era el breve correo electrónico escrito por Andrés antes de quitarse la vida.

---Sí, lo recuerdo.

---Reproduzco la conversación: …

---No hace falta, le digo que la recuerdo.

---Yo le reproduzco la conversación de todas formas:

--Señora Lydia, sabemos que usted y el señor Andrés fueron amigos, él la menciona con frecuencia en sus textos. ¿Qué sabe de él?

--Muy poco, detective Naranjo. No fuimos amigos, solo fui un personaje suyo que él inventó para protagonizar sus cuentos.

--Pero también corroboramos que como a veces sucede, usted se liberó del cuento y se convirtió en una mujer real. La misma que recibió el correo, lo reenvió y con la que ahora estoy hablando.

 --Lo que sabía de Andrés ya lo conocen ustedes.

--¿Supone usted que verdaderamente se suicidó?—

--Detective, no entiendo su pregunta. ¿Piensa usted que no murió? ¿O que lo mataron?

--Es lo que estamos investigando señora Lydia. Por eso recurrimos a usted. ¿Había otras mujeres en la vida de Andrés?

--Las había, pero últimamente estaba enamorado de un travesti, si a eso se refiere usted.

 --¿Alguien más? ¿Algún otro nombre? ¿Qué relación mantenía con Rosa M.y con A. LaMala?

--No lo sé, detective Naranjo, Quizás se trata de vínculos con el ambiente de los escritores. Ambas lo son y muy reconocidas. Pero yo no lo soy, le aseguro que no sé nada más.

--El nombre Luisa Villa ¿le dice algo??

--También escribe y está muy ligada al arte.

--La volveré a contactar más adelante señora Lydia. Le dejo el número de un móvil y mi correo, si algo llega a saber le pido que deje un mensaje.

 

---Señora Lydia, en verdad que es usted insistente... No hacía falta que me volviera a decir palabra por palabra lo que estuvimos hablando usted y yo.

---La llamada me dejó nerviosa, quizás usted tenga alguna noticia que pudiera aportar luz a esta intriga, detective Naranjo. Le suplico que me lo hagan saber, conocen mi ubicación.

---No se preocupe señora Lydia, estaremos en contacto.

 

Terminada la videollamada, la detective Naranjo se queda bloqueada por la insistencia, rayana al acoso que acaba de sufrir. Bien se merecía un Rioja para despejar las alucinaciones que apuntaban a aparecer. Contabilizó: 3 muertos, uno de ellos muerte natural, otro supuestamente un suicidio (investigación abierta) y el otro, su conocida Luisa, la otra Luisa: Luisa Fernández, en apariencia asesinada (investigación abierta). Y lo que más la descolocaba era que los tres muertos eran personajes de los cuentos. ¿Es que era normal lo que estaba ocurriendo? Ahora sí que no era capaz de discernir realidad de ficción. Una copa de Rioja la ayudaría a pasar mejor el trago. Escuchaba un tren dentro de la habitación, se anunciaba un episodio, la audición era lo primero que la sacaba de la realidad.



Capítulo cuatro:

 

Para la detective Naranjo, la mañana siguiente es densa, como la niebla que entra desde el mar. Aún se siente confundida por sus alucinaciones, y por el exceso de vino. Se promete dar un descanso a su hígado y a su cabeza para concentrar toda su energía en el caso de Luisa, sobre todo. Después de una ducha realiza una videollamada de corta duración. Habla con Rosabertha, la informa de algunos detalles de la investigación y le hace un par de preguntas, instándola a interrogarla más adelante.

Después decide salir para volver a hacer dos interrogatorios presenciales, pese a su intención de no exponerse al virus.

 

---Patricia, háblame de algo en relación con los en cuentos con Rosa, perdón, quise decir encuentros.
--- Sí, detective Naranjo. Cintio conocía a Rosa a través del relato de su abuelo Reinaldo. Le había contado que se vieron por primera vez en la Alameda de Paula, ocasión en que una prestigiosa periodista argentina, residente en Brasil, entrevistaba a Rosa.
El romance surgió pronto, fugaz y febril como un geiser.
Aquella tarde, al asistir al acostumbrado paseo de nieto y abuelo a la Habana Vieja, se toparon con una muchedumbre inesperada. En medio de la Plaza Vieja, con el telón majestuoso de la Catedral, radio Taíno estaba transmitiendo unos en cuentos con Rosa. Perdón, quiero decir encuentros.
Al verla, Reinaldo la reconoció sin dudar: era más hermosa de lo que mostraban las solapas de sus libros, y su sonrisa, simplemente encantadora.
---Muchas gracias Patricia.

 

---Lolys, buenas tardes ya. Háblame lo que puedas de la experiencia sobre las charlas con Rosa.
Lolys hablaba mirando al frente, sin fijar la vista en ningún punto, como si ante ella se extendiera un mundo ilimitado:
---
Todo puede pasar cuando te ocultas detrás de una careta blanca, con unos lentes transparentes, de resguardo a la amenaza invisible y microscópica de un cuerpo sin forma, mientras se avanza a satisfacer las necesidades más básicas de supervivencia. Con manos firmes al volante conduzco la camioneta en busca de un rincón, un rincón oculto a los ojos de los transeúntes curiosos que no hacen más que espiar la vida de los demás, a un breve saludo comercial de enamoramiento al consumo, después de 20 largos minutos veo la respuesta a mi imperante necesidad; los dedos torpes no consiguen destruir la barrera que separa la muerte de la vida. En un desesperado movimiento de los sentidos se deja de escuchar el ruido destornillado de los autos incluido el mío, sin percatarme de lo ocurrido solo siento el calor intenso entre mis muslos, retiro uno de los estorbosos guantes de látex recojo lo que quema mi piel, y lanzo un suspiro de esperanza que me anticipa a que por fin ha llegado el momento de terminar con la tortura, sin prisa levanto mis ojos, y se posan en ese muro largo que me resguarda de las amenazas impuestas. Un teléfono móvil encendido captura la imagen y la voz de Rosita que se pierde ya en mis pensamientos, con una mirada sin retención veo que constantemente se acomoda el flequillo disparejo cortado una madrugada de insomnio sumergida en sus letras y las de otros. El chasquido de mi inconsciente me hace volver al presente odiando el peligro impuesto por alguien desconocido.

 

Ya en su refugio, tras ponerse cómoda recuerda que tenía pendiente hacer una videollamada a Isabel, así que la detective Naranjo se pone a ello.

Un par de horas después, Isabel telefonea a Ety para desahogar la tensión.

 

---Ety, buenas noches, una detective me acaba de llamar para interrogarme.
---¡Ay, hola Isabel! A mí también me ha preguntado, es la detective Naranjo.
---No sé muy bien si soy culpable o no, sólo sé que no hablaré tan fácilmente, tendrá que esforzarse por conocer la verdad. Nunca hubiera imaginado que participar en aquél concurso de cuentos me cambiaría la vida hasta este punto. Aquellas tardes frente al ordenador escuchando las palabras de Rosa se convirtieron en una obsesión para mí. No podía dejar de escribir, llenaba folios y más folios de palabras sin sentido. Mis dedos dejaron de obedecerme y cobraron vida.
Desde muy joven escribía todo lo que mi mente inventaba; cuentos, teatro, poesía, me gustaba experimentar con las palabras. A medida que pasaron los años fue la poesía la que atrapó mi alma alejándome de la prosa. Entonces apareció Rosa en mis tardes de confinamiento y me envolvió con su sabiduría hasta hacerme caer en un encantamiento del que no saldría hasta hace unos días. Como un flautista su voz nos iba meciendo, por lo que entrabamos en una ensoñación que nos obligaba a escribir. Cuando ya estábamos todos atrapados en sus manos quiso que participáramos en un concurso de cuentos.
Mi mente está confusa, recuerdos borrosos iluminan mi memoria como ráfagas de aire fresco, no sé si soy culpable o no. La sequía de mis palabras regresa a mí en cataratas que inundan mis cuadernos y ya no puedo detenerlas. Tengo miedo. Tal vez la detective pueda descubrir lo que sucedió durante aquellas tardes con Rosa Montero.

 

Capítulo cinco:

 

Tras una noche de sueño agitado por las recurrentes alucinaciones, la intención de Naranjo es dejar el día de hoy para meditar y recapitular, y también para resituarse porque el último interrogatorio la dejó bastante desconcertada. Abre el ordenador y se encuentra un correo electrónico de Mela que dice reenviarle otro de Rosabertha por si le puede aportar algún dato más. La detective lee con detenimiento la parte central:

 

“Querida Mela:

¿De qué se trata con todo esto? Han pasado varios días, quizá una semana, y aun no entiendo.
Yo únicamente entré a un taller de Rosa Montero, que una querida amiga me recomendó, es más, ella me envío el link que utilicé para entrar a la primera plática un miércoles de junio, siempre comentando con mi amigo lo estimulante de los miércoles y sábados.
En uno de esos días Rosa nos propuso hacer un relato con dos personajes, uno que era alérgico al chocolate, y otra que usaba unos pendientes desafiantes; lo hice y lo envié a sabiendas de que mi puntuación es fatal, pero recordé que Proust y García Márquez sufrían del mismo mal.
Compañeros excelentes y profesionistas le acomodaron puntos y comas, y fue como cuando mi vecina se hizo el botox y no la reconocí.
Con esa nueva cara, lo envié al concurso “Rosa deshojada”. Hace unos días se publicó la lista de los ganadores, no he leído ninguno por lo que no puedo opinar, así se lo comenté a una tal detective Naranjo que me llamó ayer; me comentó que Luisa había recibido múltiples amenazas, y que en el lugar de los hechos se encontraron envolturas de chocolate y un pendiente demasiado grande.
De lo que me acuerdo le contesté perfectamente es que cuatro días antes de marcar el link y encontrar a Rosa, yo bailaba un mambo con la escoba, con la cual me ayudo para hacer locas cabriolas que siempre me han gustado, pero la edad me resta seguridad.
Hoy en mi mente solo bailan estas preguntas:
¿De qué se trata? ¿Me volverá a interrogar la detective Naranjo? ¿Por qué no quiso revelarme quien la contrató? ¿Conoceremos algún día el relato del asesino?”.

 

Aún meditando el contenido del mensaje, intentando descifrar el significado, la detective Naranjo percibe en pantalla un aviso de videollamada. ¡Ah! No está para mucho más, siente la cabeza muy pesada, mucho, pero ¿y si es importante? A los pocos segundos por fin pulsa para aceptar la videollamada entrante, aunque necesita encontrarse más estable, así que para darse un margen de tiempo, responde:
---Un momento, por favor, no se retire, enseguida estoy con usted.

Deja en pantalla a su interlocutor, que se mantiene a la espera, mientras se levanta, va a la cocina y vuelve con una copa de Rioja en la mano izquierda y, en la derecha, la botella, por si acaso.
---Aquí estoy, usted dirá.
---Quiero hablarle en relación al caso que está investigando, el de la muerte de Pilar y el concurso de cuentos. Caterina me ha dicho que hable con usted.
---Soy toda oídos.
---Aunque yo no existía entonces, tengo recuerdos parciales. Era el tercer mes de la pandemia, y escuché esa voz desde antes de ser yo, por eso la paz, la calma, la tranquilidad que me genera. A Caterina le gustaba leer, pero no se atrevía a escribir más allá de lo que hacía para ella. Admira a Rosa y seguía sus noticias cuando nos informó que la acompañaría, que nos acompañaría. Las reuniones ya habían empezado cuando vimos el anuncio, pero nos unimos y actualizamos, aprendimos mucho, supimos de ese yo interior que a veces nos sabotea. Fui creada a partir de esa invitación a escribir, a partir de esas reuniones dos veces por semana a las 12 del mediodía. Bueno, a las 7:00 pm hora de Madrid, pero nosotras estábamos en otro continente. Yo, ahora que soy cuento e historia, estoy viva y puedo estar en todas partes.

 

Naranjo escucha muy atenta, asiente con la cabeza, intercambia la mano que soporta su barbilla, y da un sorbo a su copa mientras masculla para sus adentros:
---No tengo ni idea de si me está hablando un personaje o su autor, ¡ojo! Hoy no sé si estoy preparada para bailar entre realidad y ficción o para mezclarla, pero… en este caso es lo que hay.

Su interlocutor continúa hablando:
---Pero ¿cómo llegué a donde estoy ahora? No lo sé. Recuerdo escuchar vagamente que estaría más segura aquí, y ahora despierto atrapada. Casi no puedo ver, me cuesta respirar. Salvo aquella voz que escucho a lo lejos, no siento sonido alguno. Encerrada en esta caja, fuera del mundo y del otro encierro, busco una manera de salir, aunque casi no puedo moverme. Mi frecuencia cardíaca se acelera. Veo un delgado halo de luz entre los paneles, me da una esperanza. A tientas, busco una herramienta, algo que pueda utilizar dentro de este estrecho espacio. Toco mis pendientes, son grandes pero el material es suave, no me sirven. Tampoco ninguno de mis accesorios. Toco mis tacones, los imagino, once centímetros… siempre me gustó el color rojo. Mis padres se escandalizaron la primera vez que me vieron con labios y tacones rojos, acompañando una vestimenta, para ellos, totalmente descalificable. Nunca supieron que en las noches de fiestas yo era “Inma Red Lips”.
Regresé a mis tacones. Uno de ellos me sirvió de palanca, y abrí el espacio entre dos paneles. Vi muchas cajas, más de cien según mis cálculos. Detecto algunas miradas, igual de desconcertadas que yo. Siento un hilo de viento en mi rostro, ¡qué alivio! Tomo aire, mi frecuencia cardiaca baja un poco. Puedo respirar con algo de serenidad. Escucho más claramente esa voz, la identifico y es Rosa: “Queridos…”, cuenta historias ¡qué reconfortante! No sé cuánto durará, pero este encierro es menos duro, estoy acompañada, querida, cuidada.
Y lo veo ¿Qué hace él aquí? El tipo de los libros y las cartas, del abrigo de mal gusto, de ese encuentro bochornoso. Tenía un celular en la mano, buscaba algo entre las cajas. El celular timbraba repetidamente, él lo miraba de mala gana, le estorbaba, no respondía. Se detuvo la llamada y el hombre también, revisó el celular parece que leyó un mensaje. El teléfono timbró nuevamente y respondió, caminaba, su voz se acercaba a mí cada vez más.

 

La detective Naranjo lo interrumpe, tiene que determinar su sospecha:
---¿Disculpe, usted es, tal vez, Braulio Domínguez?
---Sí señora policía, soy Braulio Domínguez.
---Por favor, no me llame policía, como mucho le admito que me diga inspectora. En realidad soy detective. Vaya al grano.
---¡Está bien, está bien! ¡Inspectora! Inspectora Naranjo… No escuché el teléfono, pensé que me querían vender algo... Yo sólo llevaba unas cartas al correo. No, ninguna dirigida a la señora Villanueva, no la conozco. Le repito que no la conozco, y si la he visto, no he sabido su nombre.
Y pienso: ¿Villanueva? No sé por qué recuerdo ese apellido. Me es familiar. Y veo a este Braulio, recuerdo esa mirada amargada, sus libros y esos sobres que cargaba antes de encontrarnos. Ya lo sé ¡Pilar Villanueva! ¿Por qué reconozco ese nombre? Creo que lo vi escrito en algún lugar.

Braulio sigue en esa conversación:
---¿Gmail? Que no, no tengo una cuenta de Gmail no uso los correos electrónicos. No, no me he dado cuenta de que es una videollamada, está bien, aquí estoy ¿me ve?

La inspectora vuelve a preguntar:
---Aquí tengo registrado que usted ha escrito un sinnúmero de cartas a una editorial relacionada con la señora Villa ¿Por unos crucigramas? ¿No recuerda haber escrito mensajes por correo electrónico? ¿Ha participado usted en un concurso de relatos? ¿Dónde está en este momento? ¿Es un almacén? ¿Un puerto?”

Braulio, queriendo terminar, le responde:
---Recibí un mensaje pidiendo ayuda y contacté con usted, pero ahora debo terminar la videollamada.”

Antes de concluir la videollamada la detective Naranjo notó que Braulio estaba apurado. Quiso saber por qué. Braulio le respondió:
---Hoy es el sepelio de Julián, un compañero de colegio a quien no veía desde que tenía diez años. Me enteré por el periódico que ganó el concurso y que murió antes de la premiación. El mismo concurso al que dediqué todas las tardes y noches de un mes, después de tomar aire en esa azotea poblada de libros y palomas. Tal vez yo podría recibir el premio en nombre de mi ex compañero de clases...

 

Unos días después, la detective Naranjo regresa a su refugio de Cantabria pero nada más llegar, una insistente llamada de Luisa la pone camino a México donde finalmente se aloja en un hotel. Procura descansar del viaje delante de su ordenador, Rioja en mano (tenía una botella de recibimiento junto a una nota de Luisa: “nos vemos a las 19:00”). Se dispone a recapitular sobre el caso. Ha hecho el interrogatorio a 54 personas (16 de ellas por FaceTime ya que no residen en España, ha descartado a la mayoría de éstas, pero tiene 12 sospechosas, todas ellas flemáticas mujeres, lo primero es establecer qué las llevó a contar esa historia. Naranjo lo intuye, la amenaza debe encontrarse escondida en el lenguaje tejido enviado a concurso.

Después de los interrogatorios y tras analizar los cuentos, comparará la semántica y redacción con los correos enviados de forma anónima.

 

Un fuerte golpe en la cabeza, más arriba de la nuca, deja desplomada sobre el teclado a la detective Naranjo. Su mano suelta la copa y su contenido se desparrama sobre la mesa mientras que la sangre fluye bajando por su espalda.

 

Capítulo final:

Me he despertado maniatada, con sabor metálico en la boca y un fuerte dolor de cabeza. Estoy tumbada sobre una colchoneta llena de chinches y manchas de sangre. Me duele todo el cuerpo. El lugar parece un calabozo.

Los recuerdos vienen como fogonazos. Estaba investigando el caso de Luisa y sus anónimos. Tenía buena parte del trabajo hecho.

Había descubierto que el mensaje firmado por Selvoi, a través del correo de Sylvie, pertenecía a la misma persona que escribía un blog bajo el título de La sílfide desplumada. Curioso título. Estuve leyendo sus entradas y estaba convencida de que la foto que aparecía de fondo era la de una Sylvie adolescente. Supongo que ese era su código, pero no llegué a hablar con ella. La llamé repetidas veces sin ninguna respuesta, al final le dejé un correo.

A partir de ahí los acontecimientos se precipitaron. No tengo un recuerdo continuado y lógico, solo lagunas y monstruos que me hablan. Son mis alucinaciones, pero he aprendido a vivir con ellas, a mantenerlas bajo control. O eso creo.

Había llegado a un punto en la investigación en el que me había dado cuenta de que los personajes habían saltado de la ficción a la realidad. Habían abducido a sus autores, y tomaban la escritura, incluso las videollamadas. Como si no, se podía explicar el caso de Andrés y Lydia, o el de Gema y su amiga, Olga, y el de Caterina y su ficción. Con Lydia había hablado repetidas veces, estaba obsesionada por que la culparan. Yo creo que su Andrés no se suicidó, que lo mató ella. Lo que no me ha quedado claro es si Andrés era el personaje, o si era el autor y Lydia la creación. En cualquier caso, estos dos están muy ocupados el uno con la otra, y la otra con el uno en seguir protagonizando sus historias, pero no para acosar a Luisa. Lo que sí puedo imaginarme es que ahora quieran entrar en el juego de los anónimos. Seguro que me vuelve a llamar Lydia para darme algún otro dato, incluso que quiera inculparse con esa voz tan dulce y miedosa. Sin embargo, de lo que sí tenía fundadas sospechas era de que Gema estuviera detrás de algunos anónimos. No para llevar a cabo ninguna fechoría, simplemente como ejercicio literario. No he creído su historia del taller de escritura en el palacio de Valencia, no tiene consistencia, pero posiblemente sí pertenece a alguna escuela de novela del crimen.  Tampoco ha habido límites de género, algunos escritos alternan entre el masculino y el femenino como por arte de magia. Un ejemplo eran Braulio e Inma, se intercambiaban sus papeles, pero había algo en Braulio, Inma que me inspiraba ternura. Él, ella solo quería recibir el premio, tener una recompensa a los años de encierro, de disimulo. Posiblemente Inma sabe mucho más de lo que me ha contado. Está acostumbrada a esperar, a estar agazapada, a observar. Tengo que volver a contactar con Caterina, ella podrá decirme dónde encontrarlos.

Los correos y las videollamadas me habían dejado muchas pistas.

De Paqui no tenía dudas, no encajaba en el perfil de los anónimos. Ella disfrutaba con expresar sus sentimientos, le bastaba con esas tardes en compañía de Rosa y de la oportunidad de que alguien leyera sus sensaciones, de no estar sola en la hecatombe de la pandemia.

Creo que a Araceli le pasaba lo mismo. No la imagino con segundas intenciones. Dudé de su personaje, José, y la sometí a presión en el interrogatorio, pero lo superó sin problemas. Lo que temo es que se deshaga de José por pudor, por miedo a que él haga lo contrario a su moral.

Mi principal sospechoso por un tiempo fue Julián. No él directamente. Me parece que Julián se ha quedado enganchado en algún pliegue de Ana Cecilia, y que sigue actuando a través de su hermana. Marcela no ha podido superar su muerte, y solo encuentra consuelo escribiendo anónimos.

A mí también me ha llegado uno en el que se me ordena que deje la investigación. Debo de estar muy cerca de llegar al fondo.

Empecé a suponer que los anónimos tuvieran varias autorías, ahí me podía encajar Lolys perdida en su caravana, oculta tras una careta blanca, lo cual era muy sospechoso; Patricia buscando un autógrafo para el abuelo de Cintio, pero, claro, hubiera preferido ser el ganador; y me quedaban Isabel y Ety. Yo creo que Ety encubre a Isabel, son grandes amigas y sabe más de lo que aparenta. De Isabel estoy convencida de que anda escribiendo anónimos a troche y moche, no por maldad, pero no puede dejar de escribir.

Todas tenían un móvil propio o de sus cuentos, o ¿habría sido el efecto del Rioja en mis pesquisas que había creado falsas pruebas? No, todo estaba recogido en mi libreta de notas. La última conclusión a la que había llegado incluía a Luisa. Había perdido la confianza en ella. Creo que estaba jugando conmigo. Este asunto de los anónimos traería más publicidad sobre el libro y se dispararían las ventas. Todo en aras de la recaudación para la pandemia.

Recuerdo haberme citado con ella en México. Había que llegar a resolverlo, mi honor estaba en ello. Me realicé la PCR en el Valdecilla de Cantabria antes de coger el avión. Luisa me había reservado una habitación en el hotel Marlowe de México DF. Eso hizo que las piezas fueran encajando, todo se daba un aire al Largo Adiós, cuando Marlowe se da cuenta de que su amigo al que ha acompañado a México es el sospechoso de haber matado a su propia esposa. Luisa me había ido dirigiendo con la ayuda de Aji. Seguramente Aji no estaba al tanto del plan. Ella solo había ido revisando y coordinando los textos, dejándome las pistas falsas que Luisa le suministraba. No, Aji estaba al margen.

Ese sabor metálico en mi boca y el terrible dolor de cabeza. Creo que voy a desmayarme. Me llegan unas voces de lejos. Me parece oír que han encontrado el cadáver de Luisa. No puede ser cierto, yo no la toqué, tuvimos una fuerte discusión en la habitación del hotel..., ya no puedo más, espero que Rosabertha haya recibido mi mensaje y pueda encontrarme. Ella está fuera de sospecha, cuando la entrevisté me quedó claro que estaba más por disfrutar de la vida, que por encerrarse a mandar anónimos, espero que deje de bailar con la escoba.

 

 

Autores de este Proyecto de escritura creativa en línea “Rosa Deshojada: El Concurso de Cuentos”.

 

Gema Blasco.
Paqui Expósito.
Araceli Zárate.
Lolys Yáñez.
Sylvie de la Mota.
Ety Kupferman.
Patricia Are (Patricia Arenas).
Rosabertha San Pedro Suárez.
Isabel Pérez Lozano.
Caterina Oliva-Monti Hayden.
Ana Cecilia Wadsworth (además, revisora).

Arancha Naranjo (además, promotora y revisora).

Aji LaMala (Mª José Gómez-Fdez) (además, coordinadora y revisora).
Maru San Martín (además, directora y revisora).


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