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viernes, 15 de marzo de 2019

Scikus #PVcosmos

Fondo cambiante sin centro,
en expansión, sobre nosotros cuelgas
estrellas, galaxias, nubes.

Planetas giran
en inmenso gigante
perecedero.

©María José Gómez Fernández. Esta es mi humilde aportación a la iniciativa  de
Publicado en Recopilación de relatos #PVcosmos.

lunes, 25 de febrero de 2019

Momentos de bloqueo

Espero que las musas se apiaden de mí -decía hace unos días, y lo sigo diciendo-.

La rutina cotidiana, vorágine de ocupaciones y vaivenes físicos y mentales impiden que se instale y se acomode la tranquilidad necesaria para crear. Así es muy difícil que la inspiración llegue, que las musas acudan...

El tropel de aconteceres va dilapidando tu intención con la misma intensidad que el agua cae desde una catarata, después, una y otra cosa, más otras que van surgiendo se precipitan en caudal y se van juntando en un lago, salpicando mil ocurrencias, que al caer se confundirán con el resto.

Desde que te levantas, sin parar -y si es lunes, puede ser hasta peor, no sé por qué pero no soy la única a la que le ocurre-. Atizas el despertador con mala gana, como si su insistente alarma te zarandeara sin piedad; con los ojos medios abiertos, medio pegados, consigues poner los pies sobre la alfombra. ¿Dónde está la alfombra?; se la ha vuelto a llevar el perro en mitad de la noche. Da igual, te levantas y pisando sobre el suelo frío llegas al baño y cuando sales de allí ya ves que vas entonando otra dignidad en el porte. Siguiente destino: la cocina y un café, así que mientras que se hace -no tarda tanto-, levantas todas las persianas y abres todas las ventanas que tienes más cerca, asomas la nariz y cotilleas qué tal día hace, bostezas y vuelves a la cocina -como vuelves a los brazos de tu amado- para servirte ya el café, que por lo general asociamos con ese sentimiento de empezar a funcionar como personas. Luego hay que vestirse, pintarse la sonrisa, no olvidar nada, salir corriendo, aguantar atascos, aguantar en el trabajo, solucionar, solucionar, atender, atender, escuchar, responder, a ritmo vil, lo que acaba bloqueando la cabeza como un muro de piedras que tapona la salida de una cueva. Cuando después de almorzar y descansar un poco quieres empezar a derrumbar el muro, a evocar a las musas, alguien te necesita en casa o algo requiere tu actuación urgente, y piensas que no hay derecho, que esto es la muerte a pellizcos y que solo quieres tener calma para dar rienda suelta a tus dedos y que escriban lo que en tu cabeza bulle, si es que hay algo. Luego teléfono, cena, preparativos, y sin lectura, a dormir.

Esta es mi aportación para  de , 25 de febrero 2019.

Publicado en @divagacionistas: Recopilación de relatos del mes de febrero.

viernes, 15 de febrero de 2019

Armas de Ciencia y Mujer: Tres Scikus

Despuntan entre las sombras
de siglos diferentes de la historia,
contra las normas se mueven.

Marcando hitos por saber,
mujeres estudiosas, científicas,
maestras, vidas célebres.

Inspirando vocaciones
en niñas, el futuro de la Ciencia,
que no distingue géneros.

©María José Gómez Fernández. Esta es mi modesta contribución para  como sobre .
Publicada en @hypatiacafe 15 de febrero 2019.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Como negar las estrellas

Osos polares emigran del Ártico;
Trump se burla del cambio climático.

Sirios, senegaleses, marroquíes,
hondureños, mexicanos, venezolanos
y ciudadanos de más países
emigran de su lugar de origen;
otros cierran sus fronteras,
levantan muros, se arman y defienden
contra los pobres, para ellos, delincuentes.
Como esos de los barcos
que se pierden en el Mediterráneo
sin encontrar puerto abierto,
mientras otros atraviesan el Estrecho
en los bajos de camiones
o apilados en pateras,
porque huir es urgente,
porque la vida no espera.
En la puerta de la calle
duerme acurrucado un sin techo
posiblemente desahuciado
o desheredado de la Tierra,
intentando sobrevivir,
como aquel que rebusca comida en la basura
o el que acude a comedores sociales,
en tanto los políticos se miran
cada uno su ombligo,
preocupados por ocupar el sillón del poder,
entretenidos en desprestigiar al contrario,
buscando trapos sucios que lavar
en la manifestación del domingo,
acusando de inconstitucionales a unos,
de golpistas a otros,
sin ver que en sí
todos pecan de lo que critican,
envueltos en sus mantos de reconquista.
Una locura se cierne en Venezuela,
todos vuelven la cara y se implican
bajo excusas humanitarias;
solo les mueve el petróleo que guardan.
Otro gallo cantaría si en lugar de crudo
albergaran zumo de naranja.
Hipocresía que nos aniquila,
intereses creados, alimentados por la codicia,
negando evidencias,
sin ver la viga en el ojo propio
mientras se despelleja al de la paja
en mirada ajena.
Huracanes más frecuentes,
tormentas más cruentas,
subidas y bajadas de temperaturas extremas,
especies en extinción,
tierras que se inundan
y otras que se secan;
unos dicen que se acerca una glaciación,
otros dicen que es por tanto explotar el planeta,
unos que es el efecto invernadero,
otros que son ciclos de la Tierra.
Osos polares emigran del Ártico;
Trump niega el cambio climático.
En mi país crece la delincuencia,
la violencia de género,
la desigualdad, la miseria;
tres millones de parados y subiendo,
y ¿a quién le importa realmente?
si es más urgente ganar a toda costa
las próximas elecciones,
ofreciendo mentiras como promesa y programa.
La bola de nieve sigue creciendo…
Osos polares emigran del Ártico;
Trump se burla del cambio climático.
©María José Gómez Fernández.
Originalmente publicado en El Doblao del Arte.

lunes, 28 de enero de 2019

El asalto

No fue en nuestro viaje a Alaska, ni durante aquel temporal de enero de 2010, ni siquiera cuando recibí la noticia de la muerte de mi padre, ni tampoco cuando leí tu nota en la que rompías conmigo una relación de veinte años. No fue en el interior de la Gruta de Las Maravillas.

No fue cuando me miraste indicando que no soportabas más mis desatinos. Fue volviendo a casa aquella noche de agosto, mientras paseaba mi lamento por el paseo marítimo y me replanteaba la posibilidad de conquistarte, absorto en mi pensamiento y en mi dolor, en mi torpeza y en tu pérdida. La madrugada avanzada y la zona tranquila del bullicio de la noche, y yo vagando bajo el cielo despejado y estrellado que pronosticaba un amanecer radiante.
Y no sé cómo sucedió, ni de dónde salieron, ni por qué vinieron a mí y me abordaron; tal vez imaginaban que llevaba dinero encima, aunque la excusa fue un acercamiento educado para pedirme un cigarro, ¡y mira que dejé el tabaco porque decían que me iba a matar!, y al final casi me mata a pesar de haberlo dejado. Le expliqué a mi interlocutor que no, que no tenía tabaco, pero sin haber terminado la frase unos brazos agarraron los míos y los juntaron en mi espalda como si los sujetara una pinza gigantesca. Luego el sujeto me increpó diciendo que le diera la cartera y el reloj, la cadena de oro que se ajustaba a mi cuello -la que tú me regalaste- y el anillo que nos intercambiamos en el parque, como muestra y sello de nuestro amor, el que cerraba el círculo de nuestras promesas y fidelidades, ahora canceladas. ¿Y cómo iba a darle nada, si no tenía manos disponibles?
Continuaban agarrándome mientras el tipo me exigía que le traspasara porque sí todas esas pertenencias, propinándome un puñetazo en la mandíbula que me dejó medio grogui. Y cuando empecé a espabilar, notando en mi boca el sabor a sangre, ahí fue cuando noté el frío como no lo había sentido jamás; por un instante se mezcló con un inmenso dolor mientras la hoja de la navaja se hundía bajo mi costilla izquierda. Al entrar el metal en mi cuerpo, el frío lo recorrió como el agua recorre el cauce de un río que se desborda.
Luego me desmayé. Ahora estoy en un frío quirófano. Te recuerdo.

©PublicDomainPictures, libre de derechos



©María José Gómez Fernández

Con este relato participo en la convocatoria de @divagacionistas de enero 2019 #relatosFrío

Publicado en @divagacionistas.