lunes, 13 de julio de 2020

Seguimos ahí. N.N. – Día 120, referido al 12 de julio

Antes de cometer ninguna locura irreparable, dejó la cuchilla del afeitado en el lavabo, se miró las manos temblorosas e intentó explicarse a sí mismo el significado del AMOR que sentía por ella, lo único que daba sentido a su VIDA, a su despertar y su anochecer, ahora presente, también ausente.
Soy como la TIERRA, pero nada sería si no girara en torno a ti, mi sol único, mi ESTRELLA que me aporta toda la LUZ y el calor que necesito para seguir girando en mi órbita.
Eso mismo se lo escribió por whatsapp.
En línea.
Escribiendo:
-Te sigo queriendo.

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

Publicado en Cinco PalabrasRELATO DEL MES DE JULIO (III): MÓNICA CRUZ, BAILARINA Y ACTRIZ @MONICACRUZ1977

domingo, 12 de julio de 2020

¿Mascarilla?. N.N. – Día 119, referido al 11 de julio

Ante los numerosos rebrotes que se vienen sucediendo en una buena parte de nuestro territorio, la mascarilla se ha hecho protagonista y objeto de polémica. ¿Mascarilla obligatoria o mascarilla recomendable?. No entiendo la mascarilla obligatoria en determinados lugares abiertos y solitarios, o poco frecuentados, o en personas que presentan problemas respiratorios, autismo, y otros, o que salen para realizar una actividad física. Entiendo la mascarilla obligatoria en el paseo por la calle -con perro y sin perro-, por el parque de barrio, en todo lugar cerrado -se garantice o no la distancia de seguridad-. No puedo entender que se hable de mascarilla obligatoria para todo, todos y en cualquier situación y sin embargo no se hable de limitar las reuniones de grupos numerosos de personas o los desplazamientos innecesarios. No puedo entender que en lugar de obligar o prohibir tanto no se apele a la responsabilidad y a que hagamos uso de ella. Pero claro, se me olvida que muchas personas son de todo menos responsables y se comportan como si estuvieran solos en el mundo.
Si nos obligan a todos a llevar mascarilla y en cualquier situación, que lo hagan todos, y más aún los que aparecen en los medios de comunicación audiovisual, desde presentadores, periodistas, políticos, en publicidad, fuerzas del orden, etc., en fin, todos. Pero que no me hablen de obligatoriedad de uso de mascarilla desde una pantalla y sin mascarilla.
De qué sirve que obliguen a que yo camine con la mascarilla, cargada con la compra, si cuando tengo que pasar sí o sí por varias terrazas de bares que ocupan toda la acera, no veo otro remedio que pasar esquivando mesas, sillas y personas sin mascarilla, y me fijo que el camarero la lleva, pero en lo alto de la cabeza. ¿De qué sirve? Y encima, sudando la gota gorda porque hace un calor impresionante, y con la mascarilla más aún, mientras observas que los que están en la terraza, de pie, sentados, mezclados, codo con codo, están a gustito sin mascarilla y disfrutando de su cerveza bien fría. Y de qué sirve aplicar medidas de seguridad e higiene estrictas cuando durante los tres días que ha durado la PEvAU, en los descansos, todos los estudiantes que se examinaban han salido de los recintos universitarios y literalmente han tomado la calle, juntos hombro con hombro, con besos, abrazos y selfies, ¡ah, y sin mascarilla!

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

sábado, 11 de julio de 2020

Cita en la nube. N.N. – Día 118, 10 de julio

Cosquilleo interior,
trepa, se agarra,
se escurre, se agarra
y de nuevo trepa,
como lo hacen tus dedos
cuando recorren mis recuerdos
igual que antes recorrían
mi cuerpo.

Al filo de la madrugada
estás sin estar
pero aunque estás,
ni estás ni acudes
a la cita de cada noche
en la nube.

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

viernes, 10 de julio de 2020

Días de descanso, por favor. N.N. – Día 117, referido al 9 de julio

Desde el 14 de marzo la intensidad del trabajo, teletrabajo, y trabajo presencial combinado está siendo invasiva. Cuatro meses de un ritmo que nos está superando, y si lo sumamos a la circunstancia de confinamiento, que todos sabemos ya lo que supone, pues más aún.
Me preocupan los brotes numerosos que no paran de sucederse por todo el país, y me pregunto qué rumbo va a tomar la situación de continuar en aumento los casos de contagio. Es posible que a la vuelta de un mes, o de dos, las cifras hayan subido -esperemos que no-, pero al paso que va todo seguramente terminemos confinados de nuevo la mayoría o todos.
Me da vértigo pensar más allá de septiembre viéndonos de nuevo como en marzo, o en el mejor de los casos, como en abril o principios de mayo. Me pregunto durante cuánto tiempo podremos mantener la entereza para seguir este ritmo frenético de trabajo, como si no hubiera un mañana, y de nuevo confinados y sin poder retomar nuestras actividades normales en sus entornos habituales.

Pienso que si esto ya nos tiene superados, cómo nos tendrá si continúa unos meses más y empeorando. El personal sanitario desgastado, el personal de supermercados sobrepasado, vuelta a las clases y vuelta a compartir espacios limitados con el teletrabajo y con la escuela en casa, el instituto en casa, la universidad en casa... El personal del sector alimentario y de limpieza desbordado, y transportistas, repartidores... Y qué pasará con los puestos de trabajo de empresas que están echando el cierre, y con los autónomos que no puedan seguir adelante...

No quiero pensar pero lo pienso, y más cosas que no digo, y sí, siento inseguridad, incertidumbre, temor y vértigo. Solo sueño con volver pronto a una normalidad como la que teníamos a primeros de año, al menos eso.

Y entretanto, también pienso que muchos necesitamos días de descanso, de vacaciones, como quieran llamarlos, pero reales, desconectados de verdad de las obligaciones. ¡Cómo si no vamos a retomar fuerzas para lo que está por venir!

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

jueves, 9 de julio de 2020

Una tregua al calor. N.N. – Día 116, 8 de julio

El alivio que produce este airecillo que corre, ahora en la noche, junto con los grados que ha descendido la temperatura, es el regalo mejor que te puedes encontrar tan solo con el sencillo gesto de asomarte a la ventana. Es como una tregua que nos da el verano, con su oscilación caprichosa de grados, sus variedades de vientos que nos visitan y sus tormentas repentinas en contraposición a las olas de calor que también lo caracterizan. El verano, que es así, que nos desquicia y desvía nuestras reacciones y comportamientos habituales. ¡Anda que no se han producido actos delictivos, y suicidios y asesinatos en épocas estivales! Y me diréis que en invierno también, o en cualquier otra estación del año, pero en el verano se registran esos casos como más irracionales, con menos justificación -y no es que haya que justificar los actos violentos-. En los días de calor más fuerte es cuando más se puede perder el autocontrol, y esto, en el caso de personas con alteraciones de la conducta o con problemas de fondo, es un pistoletazo de salida para hacer saltar por los aires cualquier reacción violenta o desquiciada.

¡Se agradece tanto, tanto que aparezca este oasis de fresquito, en medio del desierto de varios días vorazmente calurosos! Este cambio ayuda a estabilizar la temperatura y el volumen corporal, y también las emociones y los desquicies, y sobre todo es sano para cuerpo y mente, para las plantas y animales, y para la naturaleza en general. Hay que aprovecharlo, como el viento cuando sopla a favor, porque cuando menos se espera de nuevo se produce la oscilación y volvemos a ser presa de otro pico de calor extremo.

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.
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