jueves, 23 de julio de 2020

Instantes detenidos. N.N. – Día 130, referido al 22 de julio

Detengo el tiempo un instante,
no más puedo detenerlo:
fotogramas
de cualquier tarde
pasan rápidos,
y ahí están
junto a otros instantes detenidos,
ahí están,
en el saldo sin olvido.

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

martes, 21 de julio de 2020

Goteras de la realidad. N.N. – Día 129, 21 de julio

Huecos invisibles, o no,
por donde se escapan
ilusiones, sensaciones,
emociones, amores,
desamores, recuerdos,
temores, incertidumbres,
dolores, sentimientos,
risas y lágrimas,
lágrimas y llantos,
injusticias y desigualdad,
humanidad, comprensión,
tus ojos fijos mirando
cómo me cambio de ropa,
degustar un buen plato
y saborear una copa,
tu compañía y tu ausencia,
tu presencia que no cesa...

Huecos que hacen posible
diluir la realidad,
extraer en gotas su esencia
y recogerlas en vivencias.

Huecos de dolor o de gloria,
goteras de la realidad.

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

Divagaciones en positivo. N.N. – Día 128, referido al 20 de julio

Cuento cada día con la ilusión de vivirlo, disfrutando el momento que me brindan las horas junto a los míos.
Lo pasado, lo vivido, vivido y pasado está, por eso debe quedar en el recuerdo con un saldo positivo, lo que significará que mereció la pena vivirlo y que merecerá la pena ser recordado.

Cuento cada día con la ilusión de caminar hacia un futuro en construcción.
Todos los días por venir son futuro. Nunca se sabe qué vendrá pero sí que está en nuestra mano plantearlo con mimo, vivirlo con la intensidad de que ese día es el único, el último. Porque los imprevistos que van surgiendo son, muchas veces, ajenos a nuestros planes y a nuestros deseos, y lo único que podemos hacer con ellos es afrontarlos lo mejor posible e ir resolviéndolos, sin que nos minen por dentro, sin que evaporen nuestros sueños.

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

lunes, 20 de julio de 2020

Cada noche en la nube. N.N. – Día 127, referido al 19 de julio

Esa noche se preparó de forma especial: un baño con sales, crema corporal, perfume, maquillaje suave, ropa interior sugerente y una camisola de CENDAL, blanca, insinuante, la que usó tantas veces en cada DESPEDIDA. Aunque sabía que estaba sola no lo quiso reconocer hasta que saltó en su inconsciente la ALARMA de la soledad: el silencio flotando junto con un cierto olor a él, aún impregnado en las cosas, el RECUERDO martilleando y recordando la ausencia, su voz que resonaba en su cabeza.
Pero ahora iban a encontrarse, como cada noche, en su cita en la NUBE, su rincón íntimo.

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.



domingo, 19 de julio de 2020

30ºC a las 23:30. N.N. – Día 126, referido al 18 de julio

Sevilla, 23:30 horas, 30ºC, sábado 18 de julio.
La brisa y el fresco pasan inadvertidos, tan solo un soplito de aire que llega de pronto para alegrar los poros de la piel.
Este calor continuo sobre los cuerpos es insano; este aire denso que hace unas horas podía cortarse no te da tregua para predisponerte a conciliar el sueño ni te permite descansar como es debido; las ojeras y la pesadez de piernas se han hecho mis amigas. Pero no, aún así, este calor no podrá conmigo, y mira que es bien malo un golpe de calor. Eso debí padecer anoche, cuando me encontré tan mal que parecía que se iba la vida a suspiros, sin fuerza ni para tumbarme; me tuve que mojar la nuca, las muñecas, no daba para más, solo quería echarme sobre la cama con el ventilador bien cerquita. En ese momento no era ya tan alta la temperatura como el calor que mi cuerpo tenía acumulado. Esta noche hace más calor y no me siento tan mal como anoche.
Ayer llevé mucho tiempo la mascarilla y llega un momento que parece que te falta el aire, pero es que hay que llevarla.
Imagino que otras personas de esta ciudad entenderán bien de lo que hablo.
Mientras escribo al ordenador estoy sentada junto a la ventana bien abierta para que entre ese poquito de airecillo, y con él ha entrado también el canturreo del fijo que suele cantar casi todos los viernes y sábados por las terrazas de los bares. Hoy ha cantado nada más un "aayy aayy aayy, aaayyy aaayyy, si tú a mí nooo meee quieeereee es loo quee haayyy" porque debe haber poca gente, de hecho, sin asomarme, solo por el sonido, confirmo que al bar le queda nada y menos para cerrar.
Me pregunto si la gente es que no ha salido o es que ya se ha recogido y está en casa, o simplemente se ha ido a pasear a otra zona de la ciudad, eso, o que estará de vacaciones fuera de aquí, o en casa de algún familiar. Tampoco se escucha ruido de tráfico, y normalmente hay bastante. A saber. Igual la gente, en general, está bastante mal de dinero y sale poco o nada.
Un misterio que no tengo ganas de investigar y menos después de un caluroso día y pensando que el siguiente será de aúpa.
Ya quisiera yo escribir hoy otra cosa pero es que ni a imaginar alcanzo hoy, menos a expresar.
Deseo a los que me lean que puedan descansar mejor que yo.
¡Ah, lo que dije, el bar ya está cerrando!

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.
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