sábado, 4 de julio de 2020

¿Vacaciones?. Nueva Normalidad – Día 111, 3 de julio

Nos hacen falta a todos.
No todos podrán disfrutarlas.
Muchos no las tendrán siquiera.
Otros estarán de vacaciones obligadas, sin trabajo y sin dinero que poder gastar.
Algunos preferirán pasarlas en casa, en el entorno habitual, será su elección responsable.
Algunos las pasarán en su segunda residencia, en la misma provincia o en otra.
Hay quien irá de vacaciones a casa de algún familiar, en algún pueblo o ciudad de España, tal vez su pueblo o ciudad de origen.
Hay quien no podrá ir de visita porque sus familiares prefieran no ser visitados, por precaución, incluso por temor a posibles contagios.
Algunos se trasladarán a la otra punta del país, a un rinconcito en la montaña o en la costa, un remanso de paz donde recargar baterías.
Hay quien se atreverá a cruzar fronteras y visitar un país cercano, o puede que no tanto.
Habrá quien prefiera utilizar su propio vehículo por diversos motivos, entre ellos sentirse más resguardado.
Habrá quien no tenga más remedio que hacer uso de transportes colectivos para sus desplazamientos.
También están todos los que no podrán irse de vacaciones, a pesar de que las tenían planificadas, y no podrán porque este virus se llevó su vida.
Otros no tendrán ánimos ni ganas de nada porque han perdido seres queridos o los tienen enfermos y deben atenderlos.

Lo más importante de tomarse días de vacaciones, para quien pueda hacerlo, es hacer lo que más les apetezca durante esos días, y hacerlo de forma responsable, con respeto hacia ellos mismos y hacia los demás. Lo más importante de las vacaciones es buscar, cada uno a su modo, la forma de recargar energías, de renovar el espíritu, desconectar de las rutinas habituales, descargar cargas y obligaciones. Lo más importante de las vacaciones, al menos de estas vacaciones, no es viajar y viajar por viajar sino viajar al fondo de uno mismo y descubrirse de nuevo. Lo más importante de las vacaciones no es contar a la vuelta todo lo que has hecho sino hacerlo, que llene, que quede ahí para volver a buscarlo cada vez que necesitemos reinventar nuestro día a día.

Lo mejor de las vacaciones es poder estar de vuelta, renovados, y pensar en las vacaciones que vendrán.

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

jueves, 2 de julio de 2020

Lejos. Nueva Normalidad – Día 110, 2 de julio

Aunque no lo parezca, ni lo esté,
la perspectiva depende solo
del que mira y del que ve.

Y yo lo veo todo bien lejos,
lejos, muy lejos.

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

Julio 2020. Nueva Normalidad – Día 109, referido al 1 de julio

Juergas y jaranas veraniegas,
Usos y costumbres al pulso del calor,
Lugares que no visitaremos,
Ilimitados en nuestros sueños...
Oleaje de recuerdos rompiendo el corazón...

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

miércoles, 1 de julio de 2020

El ritmo de la Nueva Normalidad – Día 108, referido al 30 de junio

Con la intención de ser un poco lo que fuimos, cada cual echa su pulso a los condicionamientos del coronavirus. Todo, absolutamente todo lo que estamos viviendo y hemos vivido nos mantiene como anestesiados emocionalmente, de forma que podamos continuar con nuestras obligaciones a pesar de lo extraños que nos sentimos. Vamos casi de puntillas. En general no tenemos tantas prisas, y quien más quien menos dedica más tiempo a pensar y meditar en sí mismo, en los suyos, en lo que hace, en cómo lo hace, en lo que realmente merece la pena y en lo que es mejor no tomarse la molestia de preocuparse en exceso. Estamos aprendiendo a priorizar. Estamos adquiriendo nuevos valores, o rescatando aquellos que teníamos olvidados.

Y entretanto forman parte de nuestro vocabulario habitual palabras y expresiones como mascarilla, contaminado, coronavirus, contagio, muerto, PCR, tratamiento, recuperado, vacuna, gotícula, gel hidroalcohólico, distancia de seguridad, confinamiento, cuarentena, curado, hospital, médico, enfermera, supermercado, repartidor, estado de alarma, rueda de prensa, decreto, gobierno, acuerdo, transportista, personal de limpieza, brote, pandemia, ERTE, parado, pobreza, ayuda, fase, nueva normalidad, teletrabajo, presencialidad, crisis económica, medidas de higiene, crisis sanitaria, casa, familia, amigo, reencuentro, empezar, continuar, volver... y tantas más.

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

lunes, 29 de junio de 2020

Un ramo de flores en la playa. Nueva Normalidad – Día 107, 29 de junio

Entonces tendría 42 años y Mary unos 4. Tumbada en la toalla, descansaba y tomaba el sol. Mary jugaba con la arena a su lado mientras que sus hermanos se entretenían con la pelota o el baño y su papá estaba pendiente de ellos. Mamá le hablaba desde la toalla, tapándose a veces los ojos con el antebrazo. Su bañador negro y el pañuelo que se había colocado en la cabeza le daban un toque distinguido, siempre elegante, hasta en la playa. La veía tan guapa, tan joven, sentía que la quería tanto, que no sabía cómo decírselo sino estampándole un beso en la mejilla y abrazándola a la altura de los hombros -procurando no llenarla de arena con sus deditos-:
-Te quiero mucho mamá.
-¡Ay mi niña, qué bonita eres! ¡Yo sí que te quiero!
-Mira, mami, voy a ir a buscar flores para regalarte un ramo.
-Bueno, no hace falta. Ve hasta donde está papá.
-Ahora vengo.
Quince minutos después Mary aún no había vuelto. Su madre la había visto caminar en dirección a su marido y como vio que él y la niña se saludaron se recostó de nuevo tranquila un rato. Necesitaba ese pequeño regalo del sol y la brisa para recargar tranquilidad que le permitiera seguir con energía con sus ocupaciones diarias: la costura, la casa, su madre, la compra, los hijos, el marido... Sí, necesitaba recargar fuerzas. Pero estaba preocupada porque Mary no había vuelto. Era extraño; tampoco la veía junto a su marido. Se levantó, caminó hacia él y le preguntó, con sus otros tres hijos a la vista. Era terrible, se le hundió el mundo bajo los pies, el día se hizo noche y el mar retrocedió hasta el horizonte; nada tenía sentido si Mary se había perdido.
En el altavoz de la playa se escuchó el aviso de que se había perdido una niña de unos 4 años, con bañador rojo y que decía llamarse Mary Fernández. Decía la voz que se encontraba bien y que si alguien reconocía esos datos podía pasar a recogerla.
-Mamá, no he encontrado las flores para tu ramo, y luego no te encontraba a ti -dijo Mary mientras comía patatas fritas-.
Su madre la abrazó y la besó con gran dulzura y tranquilidad.
-Cuando sea mayor te compraré muchas flores.
Mamá ahora tiene 92 y Mary se perdería mil veces por ella para regalarle flores.

©María José Gómez Fernández

Con este relato, dedicado a mi madre, participo este mes en #relatosMadres de 29 de junio 2020.

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