martes, 22 de diciembre de 2020

La última función. N.N. – Día 283, 22 de diciembre

Es un privilegio poder ver el MAR desde mi terraza. El olor a salitre, el vaivén de las olas, su romper sereno en la orilla, su espuma blanca… Siento que puedo VOLAR, muy muy alto, como si fuera inmortal, como si no tuviera edad ni sexo.
Ahora vendrá Dinora a darme el masaje diario en los PIES con esa CREMA fabulosa con olor penetrante a aloe vera.
Repasaremos juntas mi papel en la que será mi INTERPRETACIÓN de la última obra de teatro en la que actuaré. Después podré disfrutar de mi jubilación, con el azul inmenso ante mis ojos.

lunes, 21 de diciembre de 2020

No todas las casas son un hogar. N.N. – Día 282, 21 de diciembre

Carla mira por la ventana mientras la lluvia cae insistente. Se pregunta cuántas luces en cada casa albergan realmente un hogar o solo un lugar donde vivir. Prefiere no mirar hacia adentro; ya sabe lo que hay: la puerta de su habitación cerrada, las discusiones intermitentes, vocerío desacompasado y en altibajos para evidenciar quién cree tener la razón, acompañado de pasos y zancadas a lo largo del pasillo, portazos inesperados; los auriculares para amortiguar esos ruidos, el móvil cerca para comunicarse con sus amigas y amigos a los que no cuenta lo que ocurre; el ordenador encendido y el trabajo de Historia sin terminar porque es incapaz de escribir dos líneas -aunque debe terminarlo para mañana; lo acabará de noche o cuando el temporal amaine-. Dormita de día y en clase procura pasar desapercibida.
Carla quiere estudiar en la universidad pero hoy día es todo incierto, no sabe si superará el bachiller y la selectividad; el entorno y los medios económicos no favorecen la concentración ni el estudio y con la situación de confinamiento es imposible ir a estudiar a casa de Mariel o de Inma como solía.

Por la ventana imagina que el mundo es mejor ahí afuera, sabe que no, pero eso la consuela y le ofrece un remanso de paz para seguir con su trabajo de Historia.
Para historia la suya. Esto ya no es un hogar ¿Por qué tienen que aguantar a ese gañán que tienen por padre? ¿Desde cuándo su madre, ella y su hermano se convirtieron en víctimas?
Acontecimientos acumulados, no ha sido de golpe: sus bajas frecuentes por ansiedad y depresión, la reestructuración de personal de su empresa, su entrega fácil a la bebida, su desinterés por las responsabilidades; le sobrábamos todos, empezó a burlarse de mi madre, de nosotros, se reía en nuestra cara; nos faltaba al respeto primero, después vinieron las bofetadas, los castigos, las palizas a mi madre.

No, Carla, sigue con la Segunda República, cuando finalice habrás terminado el trabajo, no tienes que entrar en la Guerra Civil. Solo falta un párrafo más, favorecida su redacción por el extraño pero agradable silencio que llega desde detrás de la puerta. El trabajo está acabado. De pronto, un golpe seco, un portazo. Carla acude, su madre se desangra en la cocina. Avisa al 061. Abraza y consuela a su hermano pequeño. Entre lágrimas llama a la policía. La guerra ha estallado.

©María José Gómez Fernández

Con este #relatosHogar participo en la convocatoria de diciembre de @divagacionistas


domingo, 20 de diciembre de 2020

Las reflexiones de Rosa. N.N. – Día 281, 20 de diciembre

De nuevo, y como siempre, has dado en el clavo con tu artículo, Rosa.

Las tremendas noticias de muertes de ancianos en residencias que no dejaban de sucederse en los primeros tiempos del confinamiento en España, llevaban los ánimos al subsuelo, te hacían cuestionarte en qué estábamos fallando como sociedad, qué valor le dábamos a nuestros mayores, si realmente convenía a algún interés macabro que se produjeran esas muertes en masa, y tantos otros interrogantes...

Ahora tampoco dejan de sucederse estas noticias -un poquito menos-, aunque han descendido sustancialmente las cifras de los mayores fallecidos por el virus maldito, en soledad, en residencias, algunos, con mayor suerte, arropados por personas generosas que los han acompañado y acunado como si fueran su propia familia.

Es muy triste, mucho. Nos hace ponernos el dedo en la muñeca y tomarnos el pulso como sociedad, como gestores, como políticos, pero sobre todo, como seres humanos. No podemos tolerar que esto vuelva a ocurrir. Y que nadie diga que no tenía ni idea de que en las residencias de mayores -no en todas- se registraban irregularidades, porque no faltan noticias de tiempo atrás, recogidas en prensa y otros medios, que avalan diversos hechos que ponen el vello de punta. Así que no, no podemos tolerar que esto ocurra de nuevo, ni nada similar. Nuestros mayores no son trastos, ni restos inútiles, ni cosas que se arrumban en el trastero en el que parecen haberse convertido muchas residencias que, sin embargo, cobran bien su mensualidad de la pensión del cliente, que para eso sí que son tenidos en consideración como las personas que son, para que les cobren su mensualidad.

Nuestros mayores son el pasado, la historia, nuestro pasado, nuestra historia, tienen pasión y dolor en cada pliegue y en cada arruga, tienen ternura en la mirada, tienen sentimientos a flor de piel, tienen un inmenso amor que dar, tienen interesantísimos relatos que contar, han vivido experiencias que hoy solo podemos conocer por libros, y ni siquiera eso; han contribuido a construir la vida, la economía y la sociedad que hoy continuamos, y tenemos que aprender de una buena vez a darles su sitio de honor, y nuestro agradecimiento, y dejar de llevarnos por influencias de una sociedad de consumo capitalista absurda en la que todo es sustituible en cuanto tiene el más mínimo rasguño o envejece. Pero esto no es nada nuevo, viene pasando hace años, ya lo decía Serrat en su canción "A quien corresponda", que "a los viejos se les aparta después de habernos servido bien", y sí, definitivamente hay que terminar con esto. Nada de apartar, hay que darles su sitio, hay que darles los cuidados que requieren -como ellos los dieron a sus hijos, sobrinos, nietos, vecinos-, hay que respetarlos, porque son personas, personas mayores, pero personas como el resto de personas que conforman esta, a veces, estúpida, egoísta e incoherente sociedad.

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

sábado, 19 de diciembre de 2020

En Cuentos Con Rosa, una opción de regalo excepcional. N.N. – Día 280, 19 de diciembre

Sus dos volúmenes, indisociables, Carmín y Chocolate: Historias de dos personajes, harán posible un viaje fantástico al lector, un viaje por multitud de situaciones, sentimientos, puntos de vista, emociones, que, partiendo de una misma descripción para dos personajes, vuelan desde cada pluma de los 168 escritores que ejecutan cada historia.
Así que este es un buen regalo, para estas fechas o cualquier otra, porque no te puedes perder estos relatos, no puedes privar a otros de la emoción de sus páginas, prologadas por Rosa Montero, publicadas por Editorial Literálika y con beneficios que irán destinados a Acnur.

No, no lo pienses, hazlo, pide las obras a través de Amazon (en papel o digital).

Imagen cedida por Editorial Literálika

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

viernes, 18 de diciembre de 2020

La lotería de Navidad, otro clásico de estos días venideros. N.N. – Día 279, 18 de diciembre

Que levante la mano quien no tenga ni siquiera un décimo de la lotería de Navidad, aunque sea compartido con otra persona.
Bueno, pues igual hay más de uno que sí levanta la mano, porque no todo el mundo compra, tanto para ese sorteo como para el sorteo tradicional del Niño.
En mi caso sí tengo dos décimos comprados para el sorteo de lotería de Navidad. Los compro todos los años por si la suerte me sonríe -alguna vez me ha dado una pequeña sorpresa de reintegro o 50, o 100 euros máximo-, pero ¿y si un año suena la flauta y cae algo más? Pues me hace muchísima ilusión ganar un premio metálico sin esperarlo, que no me resolverá la vida, no, pero me la alegrará bastante, de menos a más, según el montante del premio.
Así que espero con ansia el día del sorteo, otra de las poquísimas cosas que me gustan de estas fechas.

¡Y mucha suerte para todos los que tengan algún décimo!

©María José Gómez Fernández
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