viernes, 8 de mayo de 2020

Una vida sin nada. Fase 0. Desescalada #YoMeQuedoEnCasa – Día 54, referido al 7 de mayo



Camina a tientas por el pasillo, esquivando las sombras de la noche, con la intención de alcanzar la habitación iluminada por una pequeña lámpara; cuando llegue hasta allí de nuevo estará a salvo de un tropiezo, de un choque involuntario contra algún objeto, a salvo de la inseguridad de atravesar la oscuridad que se cierne en torno suya como una bruma densa e irrespirable. La oscuridad no le gustó desde la temprana infancia, y sin embargo, le atrae como un abismo; contradictoriamente es una persona noctámbula, o eso o es que tiene los horarios por completo trastocados. Una vez que llega a la habitación con luz, y mientras el resto duerme, se enciende el televisor hasta aburrirse, después la tablet y con los auriculares puestos remata los últimos vídeos musicales que tenía pendientes; más tarde le toca el turno al móvil, que si whatsapp, que si noticias, que si el tiempo, que si la galería... Para terminar, y al cabo de casi una hora y media, enciende el libro electrónico y lee un rato, o lo que calcula que es un rato porque cuando quiere darse cuenta ha estado leyendo una hora. Apaga el libro, se fuma otro cigarro más, se levanta y va hasta la cocina a beber agua, se asoma a la ventana, los ojos como platos, se vuelve a sentar, da otra calada al cigarro, y otra y vuelve a la ventana, observa a dos que pasan discutiendo y gesticulando y se preocupa por su coche que está aparcado justo al lado de los que están pasando, que ya han dado un puñetazo en el capó de otro coche... Las cinco de la mañana en el reloj, a lo tonto... Se decide a ir hasta el dormitorio procurando no hacer ruido, y ahora sí, se alumbra con la linterna del móvil que se lleva consigo; primero una parada en el cuarto de baño y luego a dormir como si nada.
Las once y media de la mañana. Da una vuelta entre las sábanas, abre los ojos y la luz del día lo arrasa todo. Las doce menos cuarto. Ya ha puesto los pies en el suelo y a duras penas camina hasta la cocina para tomar un primer café y fumar un cigarro. El día por delante se hace largo. No hay mucho más que hacer salvo el teléfono, un café, un cigarro, rellenar cigarros, un cigarro, el ordenador, un cigarro, la tablet, un café, un cigarro, el libro electrónico, un cigarro, el televisor, salir a la terraza, un café, un cigarro, un paseo con el perro, comer, un cigarro, recoger el plato, ir al cuarto de baño, un café, un cigarro, cabecear encima del teclado, un café, un cigarro, salir con el perro, un cigarro, hablar por teléfono, un cigarro, cenar, recoger el plato, un cigarro, salir con el perro, un cigarro, el ordenador, un cigarro, deambular por la oscuridad hasta llegar a la única habitación con luz y volver a hacer lo mismo que cada noche hasta que den las cinco de la mañana. Ir a dormir. Un bucle sin fin. Una vida sin nada.
#YoMeQuedoEnCasa
©María José Gómez Fernández
Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

jueves, 7 de mayo de 2020

No veo la luna. Fase 0. Desescalada #YoMeQuedoEnCasa – Día 53, referido al 6 de mayo

No veo la luna,
se esconde tras las nubes
que semejan visillos,
nubes alargadas.

No veo la luna,
solo puedo verla difuminada,
luminosa tras estelas
de pinceladas de nubes,
nubes blancas y alargadas.

No veo la luna
como quisiera verla,
mirándose redonda en el mar,
acariciada por el agua,
entre ligero oleaje de espuma
rompiente en la orilla mojada.

No veo la luna,
la que yo quisiera ver,
clara luz, redonda cara,
luna de estela y espuma,
luna de orilla mojada,
luna en espejo de agua,
luna de mar empapada.

#YoMeQuedoEnCasa


©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

miércoles, 6 de mayo de 2020

A la luz del móvil. Fase 0. Desescalada #YoMeQuedoEnCasa – Día 52, referido al 5 de mayo

Cuando termina el día, ya adentrada la noche, Bea tiene la costumbre de leer un libro antes de dormir; esos minutos a solas con las páginas, imbuida en la paz interior o en el trepidante transcurso de la narración, le proporcionan una plenitud incomparable. Cuando la lectura son versos ocurre que se mece con cada uno de ellos, los respira hasta arrancarles el sentido que le transmiten y eso también la colma de satisfacción.
Una vez que el parpadeo comienza a intensificar sus intervalos y ya los ojos quieren estar más cerrados que abiertos, Bea cierra el libro -antes de que se le caiga de plano en la cara y destroce el encanto del momento-, lo deposita con delicadeza en la mesita de noche y se asegura de que el despertador está a punto para hacer sonar su alarma a la hora prevista por la mañana; luego comprueba lo mismo pero en el móvil, al tiempo que apaga la luz de la lamparita y la habitación queda vagamente iluminada por el haz que emite la pantalla del dispositivo. La luz de la pantalla va bajando su intensidad como por arte de magia y Bea aún apura un poco más: revisa las notificaciones pendientes, baja el volumen multimedia para no molestar a los demás que ya hace rato duermen, escucha la canción que acaban de subir a YouTube, lee un par de noticias que tenía pendientes de leer, revisa los últimos whatsapps recibidos y se atreve a responder el único que cree que debe contestar; hace lo propio con messenger de Facebook y para terminar consulta la previsión meteorológica incrustada en la pantalla de inicio de su móvil, gentileza de Accuweather: ¡tremendo, mañana tres grados más! -esa información desarma a Bea, que cierra el móvil, y lo deposita en la mesita de noche justo delante del despertador tradicional, mientras bufa y protesta acomodándose en la cama después de quitarse las gafas y dejarlas a buen recaudo sobre el libro.
Ahora ya está todo oscuro, tan solo entra tímida, por entre las rendijas de la persiana, la luz de la luna de esta noche, que hace un momento disfrutó desde el balcón e iluminaba reluciente la calle.
Se oye un vocerío de chavales a lo lejos -¿por qué puñetas no estarán en sus casas?-, y un perro, que insistente, ladra; un motor de una motocicleta que ha pasado rápida por la avenida cercana, y las ruedas de un coche, circulando a poca velocidad, con incierto destino a estas horas.
Al poco vuelve a hacerse el silencio, tan solo roto por la respiración profunda de los demás que duermen en la casa. Bea suspira cómoda, se acurruca, se relaja. Mañana está a la vuelta de unas horas y todo un día está a la espera de que cada cual lo conquiste como mejor le convenga.

#YoMeQuedoEnCasa


©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

martes, 5 de mayo de 2020

Volver a ser lo que fuimos. Fase 0. Desescalada #YoMeQuedoEnCasa – Día 51, referido al 4 de mayo



Y el tiempo pasa, los días van sumando, ya 4 de mayo, 51 días que abandonamos nuestra vida habitual, conocida, acelerada, llena de compromisos, citas, encuentros, libertad de movimientos y enfermedades más o menos controladas hasta entonces (52 días si contabilizamos el 14 de marzo).
Ronda la incertidumbre de cuándo volveremos a tener lo que teníamos hace 51 o 52 días, y con razón ronda porque va a ser complicado aventurar plazos. Posiblemente volvamos a ser lo que fuimos pero no igual, no del mismo modo, no como quisiéramos. El miedo por el contagio estará ahí, incluso cuando exista un tratamiento, incluso cuando exista una vacuna. La sensación de falta de aire con la mascarilla puesta estará ahí, aunque nos sintamos más protegidos con ella. El tacto torpe con los guantes estará ahí, aunque sean una barrera entre nuestra piel y los objetos del exterior. La obsesión por la limpieza estará ahí y nunca estaremos seguros de haber higienizado adecuadamente las cosas. La inseguridad en la calle estará ahí porque no sabemos si quien se cruce con nosotros será alguien con necesidad o si además tendrá intención de quitarnos lo que llevemos encima. La libertad de movimiento nos hará pensar que estamos vigilados, controlados, y en verdad así es, y quiero pensar que es por nuestro bien, y quiero pensar que estas medidas las estaría tomando cualquier otro gobierno con cualquier otra ideología; eso quiero pensar, porque si dejo volar mi pensamiento igual se me va la pinza y no quiero perder la calma que debe acompañarnos en estos días difíciles, históricos y difíciles, que nos está tocando vivir. Pero ante todo, lo que deseo con todas mis ganas es que la desescalada no se estanque ni se retraiga, deseo que siga adelante y no se detenga, a pesar de que el fin en que desemboquemos no sea la misma realidad que dejamos atrás sino la nueva realidad indeterminada que nos anuncian.
#YoMeQuedoEnCasa
©María José Gómez Fernández
Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

lunes, 4 de mayo de 2020

Para mi madre. Confinamiento #YoMeQuedoEnCasa – Día 50, referido al 3 de mayo

Querida madre, lo primero y a la primera que se lo deseé: feliz día de la Madre, y que te lo pueda decir durante mucho tiempo. ¿Quién nos iba a decir que este año pasaríamos encerrados este día? Pues así es. Ya llevamos cincuenta días con sus noches, sus risas y sus lágrimas. Cincuenta días predominando la lluvia, la soledad, el silencio. Cincuenta días de conversaciones por teléfono, de preocupaciones y alegrías, de pequeños momentos de felicidad.

Querida madre: te quiero.

Querida madre y queridas madres, biológicas, de corazón, de humanos y de mascotas.
Queridas mujeres que decidieron no ser madres y aquellas otras que aunque quisieron no pudieron.
Queridas abuelas que ejercieron de madre por doble.
Queridas tías que también ejercieron de madre.
Queridas mujeres que en algún momento de su vida han tenido que ejercer de madres.
Queridas todas, creo que lo que más valoran nuestros hijos es que seamos su referente, y ante todo, mujeres libres que transmitan libertad al educar desde el respeto y el cariño.

#YoMeQuedoEnCasa


©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.
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