domingo, 28 de junio de 2020

Esos momentos únicos. Nueva Normalidad – Día 106, 28 de junio

Paseaban de nuevo por el MALECÓN de Cádiz, como hicieron antaño, sin un ÁRBOL que diera sombra, aunque no hacía falta por ser noviembre. Cogidos de la mano miraban las olas chocar contra las rocas mientras la fría brisa marina besaba sus rostros. Después de meses de confinamiento, al fin habían podido salir de casa, del pueblo y de la provincia, y viajar a otra comunidad autónoma. Se sentían libres. Por EMPATÍA con las gaviotas, a pesar de sus 66 y 68 años, al no poder volar echaron a CORRER.
No cambiarían ese momento ni por los LIBROS más hermosos.

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

Publicado en Cinco PalabrasRELATO DEL MES DE JULIO (I): JUAN FRANCISCO MONTALBÁN CARRASCO, DIPLOMÁTICO. EX EMBAJADAOR DE ESPAÑA EN CUBA

sábado, 27 de junio de 2020

El hueco del dolor. Nueva Normalidad – Día 105, 27 de junio

Hondo y oscuro, frío,
alberga un nombre,
una derrota y lágrimas.
Guarda latidos,
fracasos y absurdos.
Junto a nada está todo,
tantos recuerdos,
tantos momentos...

En el hueco del dolor
se funden desprecios
con los más ardientes besos,
reproches y abrazos
junto con una ventana
con vistas al futuro,
por la que huir del dolor
para volver sin corazas
al sueño de estar contigo.

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

Inviernos largos. Nueva Normalidad – Día 104, referido al 26 de junio

Sucedieron muchos inviernos,
largos inviernos,
sin dejar paso a ninguna primavera.

Soledad y frío, buscando abrigo,
inviernos largos
al ritmo climático del despiadado destino.

Largos inviernos de bohemia,
sin remedio para olvidar ni borrar
la última primavera que tuvimos.


©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.

viernes, 26 de junio de 2020

jueves, 25 de junio de 2020

Calor. Nueva Normalidad – Día 102, referido al 24 de junio

Es inhumano.
Isa se cambia de postura, se cambia de ropa, se cambia de sitio en la silla, en el sofá, en la cama, se cambia de habitación, a una más fresca, y nada, nada de nada, la sensación solo se modifica ligeramente.
<<Maldito calor de las narices, que no me deja ni pensar>>.
Se acerca al frigorífico para beber agua fresquita y cuando abre la puerta no puede evitarlo, después de desenroscar el tapón de la botella la empina, sin importarle que le caiga el agua por fuera de la boca -<<¡más agradable que ese frescor no hay nada!>>-, y entre tanto, desde el interior del frigorífico se percibe una sensación parecida a una corriente de aire fría, tan increíble que no la deja moverse de allí por unos segundos que le resultan eternos, hasta que de pronto decide cerrar la puerta porque no es bueno mantenerla abierta tanto rato.
La experiencia de la puerta del frigorífico es tan maravillosa que cada vez que tiene ocasión la repite.
Después le queda el consuelo del ventilador, de la brisa nocturna que entra por la ventana, del aire acondicionado en las horas más duras del día; y esperar que la mini ola de calor pase pronto, y el verano también, que cada año vuelve con más agresividad para quemar la sangre, alterar los ánimos, hinchar los cuerpos, hacer que la respiración falte...
Le gusta ver imágenes que le sugieran frío.
Disfruta con el pronóstico del tiempo para la zona norte del país.
Se tumba en la cama y lee hasta quedarse dormida y el libro se le cae de las manos.

Por la mañana el ambiente es mucho más normal... Por la mañana dará un paseo a primera hora...
Y entre esos pensamientos y la lectura interrumpida por el sueño, enfila la noche, burlando el calor.

©María José Gómez Fernández

Publicado originalmente en El Doblao del Arte.
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