Este pellizco continuo en el estómago
que en ciertos momentos
del día y de la noche,
sube, ahoga y deja kao.
Y lo tienes que decir
para ver si no acaba en lágrimas,
pero acaba en lágrimas.
Y esta ausencia
llena de presencias...
©María José Gómez Fernández
Publicado originalmente en El Doblao del Arte.
Impresiones, Crítica, Poesía: Saciar emociones, soltar amarras, decir lo que pienso, expresar lo que parece, pisar el firme, derramar silencios...
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viernes, 22 de mayo de 2020
Extraña ausencia. Fase 1 - Día 68, referido al 21 de mayo
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jueves, 21 de mayo de 2020
Nada es igual. Fase 1. #DesescaladaResponsable – Día 67, referido al 20 de mayo
Nada es igual, ni dentro ni fuera,
y aunque sea igual, ya no es lo mismo:
ni las calles, ni las casas, ni la gente que pasa.
Nada es igual, no tiene el mismo sentido,
ni inspira sensaciones parecidas,
ni transporta con el pensamiento
a ningún sitio.
Nada es igual,
estoy y no estás,
estás y no estoy,
cada uno en un punto del camino,
pero ya no vamos juntos.
Nada es igual,
y hasta las lágrimas
saben amargas.
Duele hasta el alma.
Me pregunto
si habrá un tiempo
si habrá un lugar...
©María José Gómez Fernández
Publicado originalmente en El Doblao del Arte.
y aunque sea igual, ya no es lo mismo:
ni las calles, ni las casas, ni la gente que pasa.
Nada es igual, no tiene el mismo sentido,
ni inspira sensaciones parecidas,
ni transporta con el pensamiento
a ningún sitio.
Nada es igual,
estoy y no estás,
estás y no estoy,
cada uno en un punto del camino,
pero ya no vamos juntos.
Nada es igual,
y hasta las lágrimas
saben amargas.
Duele hasta el alma.
Me pregunto
si habrá un tiempo
si habrá un lugar...
©María José Gómez Fernández
Publicado originalmente en El Doblao del Arte.
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miércoles, 20 de mayo de 2020
Pintor de sombras. Fase 1. #DesescaladaResponsable – Día 66, referido al 19 de mayo
De tanto pensar el mar,
se están tintando de azul.
La montaña los atrapa
con su verde y ocres.
Después vuelve de la noche
el pintor de sombras
para teñir todo de gris,
claroscuros difusos
del blanco al negro,
como anunciando tormenta
y el viento también es gris.
Siempre les gustó el gris
y el azul, el verde y ocres
y un poco el blanco,
y el que más, el negro.
Pintor de sombras
no dejes de pintarlos
para seguir viéndolos.
©María José Gómez Fernández
Publicado originalmente en El Doblao del Arte.
se están tintando de azul.
La montaña los atrapa
con su verde y ocres.
Después vuelve de la noche
el pintor de sombras
para teñir todo de gris,
claroscuros difusos
del blanco al negro,
como anunciando tormenta
y el viento también es gris.
Siempre les gustó el gris
y el azul, el verde y ocres
y un poco el blanco,
y el que más, el negro.
Pintor de sombras
no dejes de pintarlos
para seguir viéndolos.
©María José Gómez Fernández
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martes, 19 de mayo de 2020
Dormir. Fase 1. #DesescaladaResponsable – Día 65, referido al 18 de mayo
Hoy me van a disculpar, tarde y escaso, pero no puedo decir. Tengo tanto que contar que prefiero callar, descansar y dormir.
©María José Gómez Fernández
Publicado originalmente en El Doblao del Arte.
©María José Gómez Fernández
Publicado originalmente en El Doblao del Arte.
lunes, 18 de mayo de 2020
Ruido de final. Fase 1. #DesescaladaResponsable – Día 64, referido al 17 de mayo
Desgastaron los abrazos como se van desgastando
por el uso los trajes viejos.
Los besos dejaron de saber a paraíso y a zumo
y se degustaban como agrio sabor trasnochado.
Se fueron bajando al sótano del olvido
todas las promesas, los te quiero, los susurros,
los heroicos actos de amor de madrugada
entre sábanas revueltas, respiraciones agitadas,
quejidos sensuales, cuerpos sudorados.
Las puestas de luna en un mar del sur
fueron quedando en la trastienda del recuerdo.
Sonaban lejanos, y hasta un poco ridículos,
todos los "haría lo que fuera por ti",
todos los "por ti daría el mundo y mi vida",
todos los "lo que tú digas, mi amor",
todos los "lo que tu quieras, cariño".
Se perdieron en mil noches los besos furtivos.
Los ruidos comenzaron a infiltrarse
en el día a día, con sus insufribles monotonías;
lentos pero certeros, suaves pero firmes,
y se podían oír desde el salón a la cocina,
desde la casa de enfrente, desde la pared vecina.
Ruido en las miradas, ruido en las caricias,
ruido en las palabras, ruido de desdicha.
Ruido de disputa, ruido de vajilla,
ruido de portazos y de ausencias,
ruido amortiguado por música y disculpas,
ruido acrecentado por egoísmo y reproches.
Se veían sobrevolar las alas de la insatisfacción,
la incompresión se invitó sola a la mesa,
la comunicación se emborrachó a cervezas,
y la distancia ampliada dejó oír un ruido de final.
Y con ese último ruido, estruendoso y definitivo,
el final entró sin llamar, precedido de su ruido,
temido y a la vez deseado ruido, ruido de final.
El tremendo estruendo dio paso al silencio,
a la calma renovada, al suspiro de alivio,
hasta al final ya no importar nada,
y se fue alejando hasta dejar de oírse
el rumor del ruido, ruido del final.
©María José Gómez Fernández
Publicado originalmente en El Doblao del Arte.
por el uso los trajes viejos.
Los besos dejaron de saber a paraíso y a zumo
y se degustaban como agrio sabor trasnochado.
Se fueron bajando al sótano del olvido
todas las promesas, los te quiero, los susurros,
los heroicos actos de amor de madrugada
entre sábanas revueltas, respiraciones agitadas,
quejidos sensuales, cuerpos sudorados.
Las puestas de luna en un mar del sur
fueron quedando en la trastienda del recuerdo.
Sonaban lejanos, y hasta un poco ridículos,
todos los "haría lo que fuera por ti",
todos los "por ti daría el mundo y mi vida",
todos los "lo que tú digas, mi amor",
todos los "lo que tu quieras, cariño".
Se perdieron en mil noches los besos furtivos.
Los ruidos comenzaron a infiltrarse
en el día a día, con sus insufribles monotonías;
lentos pero certeros, suaves pero firmes,
y se podían oír desde el salón a la cocina,
desde la casa de enfrente, desde la pared vecina.
Ruido en las miradas, ruido en las caricias,
ruido en las palabras, ruido de desdicha.
Ruido de disputa, ruido de vajilla,
ruido de portazos y de ausencias,
ruido amortiguado por música y disculpas,
ruido acrecentado por egoísmo y reproches.
Se veían sobrevolar las alas de la insatisfacción,
la incompresión se invitó sola a la mesa,
la comunicación se emborrachó a cervezas,
y la distancia ampliada dejó oír un ruido de final.
Y con ese último ruido, estruendoso y definitivo,
el final entró sin llamar, precedido de su ruido,
temido y a la vez deseado ruido, ruido de final.
El tremendo estruendo dio paso al silencio,
a la calma renovada, al suspiro de alivio,
hasta al final ya no importar nada,
y se fue alejando hasta dejar de oírse
el rumor del ruido, ruido del final.
©María José Gómez Fernández
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