Hace unos años visité una exposición de fotografía, dibujo y pintura sobre faros. Recuerdo que, mientras observaba las imponentes imágenes que se mostraban ante mis ojos, nada pudo impedir que mi imaginación volara hacia los lugares donde aparecían esos solitarios ingenios, pero también, que mi recuerdo, ineludiblemente, también volara hacia una figura en especial, que para mí continúa siendo un referente, y en los momentos favorables contemplo y admiro, pero en los adversos me ayuda a no perderme.
Hasta su particular olor a madera y dulce, me viene a la memoria, entremezclado con el del barro, la piedra y, también con el de la sal del mar. Nunca tuve duda de que su figura irradiaba un aura de protección y positividad.
Mi querido pirata, mi padre...
Hay muchos seres que, a pesar de no existir ya, siguen estando ahí, emitiendo sus destellos para otras muchas personas, como avisos para navegantes, como los faros de los puertos y de las costas, delimitando y dibujando con el parpadeo de su luz los contornos del camino a seguir o a evitar.
Como esas construcciones son iconos de los parajes que habitan, así esos seres de luz son también iconos para las personas en las que siguen siendo una esencia. Su existencia y sus historias son referentes para quien las quiera tener en cuenta y, como ellos, llevarlas a cuestas, tenerlas en la memoria, para no olvidarlas, para imitarlas en lo bueno y obviarlas en lo malo; nos guían por la travesía de la vida, permanente e intermitentemente, iluminando el escollo, el mar embravecido por el viento y la tempestad, alertando de los límites con su luz que irrumpe en nuestra penumbra.
Gruesos o delgados, altos o bajos, redondos o cuadrados, con sus recovecos interiores comunicados por escaleras sinuosas que algunos pudimos subir y bajar, conocer en su intimidad. Faros como personas, personas que siempre serán como faros, anclados en las costas de nuestras vidas para evitar que vayamos a la deriva.
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Imagen tomada de la convocatoria de @divagacionistas |
Publicado en recopilación de Relatos Faro, de Divagacionistas.
Qué belleza! Lo describes tan bien! Tu padre y su luz que te sigue alumbrando. Me encanta ! Maria José.
ResponderEliminarMuchísimas gracias por leerlo y me alegra mucho que te guste. Así es, él es un ser de luz, mientras siga en mí. Todas las personas tenemos esos faros... Saludos y mil gracias!!
EliminarMe encantó tu texto. Yo tengo conmigo a uno de esos 'seres de luz', sé bien de lo que hablas...Un abrazo!
ResponderEliminarlady_p
Lady_p un placer que te haya gustado el micro. Muchas gracias por leerlo. Es cierto, quien no tiene un faro, quien no es faro a su vez??? Gracias por tu comentario y un abrazo!
EliminarTú eres, en esencia,un ser de luz.
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario, y por leer el micro. Pienso que cada persona es un ser de luz para otras personas, un faro... Saludos y gracias.
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