Con tantas vidas detenidas, ansiedad a flor de piel, tragedias humanas globales, que nadie soliviante a nadie, ni le invada su espacio. Respeto, pido respeto, y saber separar el grano de la paja.
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Llegados al día 11 de confinamiento domiciliario obligado, por nuestra seguridad y la ajena en lo tocante a salud, quisiera trillar para separar el grano de la paja. Y es que pajas, mentales, las que tienen muchos, que si concentraran todos sus esfuerzos en positivizar la realidad que nos circunda, favorecerían mejores ambientes, no solo refiriéndome a las paredes de las casas en las que estamos confinados, sino de forma más extensa, a redes sociales y otros medios de comunicación en general.
Estando todos tan proclives a venirnos abajo, sería de agradecer que amén de las pésimas noticias que recibimos por canales fiables, algunos elementos cesaran en su empeño de fastidiar al prójimo soliviantando los ánimos, creando ansiedad, añadiendo presión, etc., cosas que solo llevan a empeorar la salud mental y hasta física de los que los padecen. ¿Y cómo? Pues desde el directo más puro, porque el elemento comparte techo contigo, al goteo por redes sociales -cosa que puedes evitar a no ser que te entren al trapo directamente-, o a noticias que solo buscan el sensacionalismo alarmista -sobre todo por la forma en que son contadas-.
Tenemos un problema, y gordo, que atajar, se llama COVID-19, lo que se traduce en confinamiento domiciliario -con todas sus consecuencias, que ya son muchas, económicas, sociales, sanitarias-, y también en personas contagiadas, masivas pérdidas irreparables, cifras que suben cada día -con la esperanza de que comiencen a descender-, vidas detenidas, en fin, y algunas para siempre.
Pues si tenemos un problema con todos sus problemas satélites, vamos a centrarnos en resolverlo, y vamos a posponer otros problemas, ahora insignificantes, para otro momento. Ahora no es tiempo de depurar responsabilidades, pedir que se corten cabezas, exigir dimisiones. Ahora no es tiempo de resolver conflictos políticos porque quedaron aparcados a las puertas del 14 de marzo pasado. Ahora no es tiempo de exasperarse porque sí, criticar sin aportar, criticar por criticar. Ahora no es tiempo de pensar si es mejor posponer la Feria de Sevilla para San Miguel o la Semana Santa para más entrado el otoño, porque igual lo más razonable sería posponerla para el próximo año, y así con tantas celebraciones en tantas poblaciones, que esto no es más que un ejemplo. Es verdad que hay muchos intereses profesionales y económicos en juego en este tipo de eventos, no son solo un aliciente lúdico para la ciudadanía, pero ¿de verdad se puede pensar en ferias y otros merengues cuando a la vuelta de no se sabe cuánto tiempo la economía de muchos estará tan mermada que en lo último que podrán gastar su dinero será en fiestas?. Es una frivolidad o así lo pensamos muchos.
Ahora tenemos un problema, vamos a colaborar para resolverlo. Vamos a aportar lo que podamos para que la solidaridad con los que menos tienen sea una realidad. Vamos a contribuir cumpliendo las normas de confinamiento que tenemos que cumplir, para evitar más contagios, más ingresos y atenciones en hospitales, para que muera el menor número de personas posible. Vamos a ayudar a personas que no pueden valerse por sí, sin engañarlas, sin robarles, haciéndoles creer que les vamos a hacer la compra y quedándonos con su dinero. Vamos a realizar un consumo y compra responsable de los bienes de primera necesidad, sin acumular productos a lo loco impidiendo que otros puedan comprar media docena de huevos. Vamos a dar voz a aquellos que ahora tienen la boca tapada, sí, me refiero a los casos de violencia de género, escondidos entre las paredes de las casas con los maltratadores campando a sus anchas, maltratadores psicológicos y físicos. Para las personas maltratadas esta situación es una ratonera con veneno asegurado. En estos casos tienen muy complicado alertar a nadie ni por llamada, ni por apps, ni aprovechando una salida a comprar pan tan siquiera porque posiblemente no tengan permitido salir de la casa, o de la habitación donde estén confinadas por partida doble. Desde aquí hago un llamamiento para que seamos los vecinos los que demos aviso a la autoridad si percibimos algún caso en nuestro entorno más próximo. Pienso que es nuestra obligación y responsabilidad. Puede que el aviso esté más en nuestra mano que en manos de estas víctimas.
Tenemos un problema. Vamos a resolverlo. Y cuando esté resuelto, acudamos a los demás problemas que de esta situación se han ido derivando, y procuremos resolverlos, de la mano de quien corresponda. Y después, pasemos a pedir responsabilidades, cortar cabezas, pensar en fiestas populares, y procuremos retomar la vida donde la dejamos el 14 de marzo de 2020, porque nada volverá a ser como el día antes, y si no, al tiempo.
Las voces al otro lado, metálicos sonidos; los rostros desde pantallas, conocidos en píxeles; consuelo y aliento, risas y pesares desde el teclado emergiendo a la pantalla, fulanito está en línea, fulanita está escribiendo, recibido, confirmado; señales, guiños, evidencias de que nuestra vida sigue a pesar de los silencios que pasean por las calles, a pesar de las pérdidas tristes e irreparables, a pesar de los deseos contenidos de tantos; sin perder la sonrisa, desdibujada a ratos, mañana amanecerá otro día y el sol seguirá en lo alto, avanzar sin apenas caminar, marcando el paso despacio.
Será imposible olvidar este tiempo, que en pocos días, transcurre tan dilatado.
No me considero un chef, ni mucho menos nadie con autoridad para recomendaciones culinarias, en esto soy una picaflor más que cada día se devana los sesos dándole vueltas al caletre para determinar qué pongo en la mesa para comer. Parece una tontería, y puede que lo sea, pero para los que tenemos que organizar el menú diario se nos viene un poco el mundo encima, más aún, los que trabajamos en casa y en la calle y estamos acostumbrados a resolver algunas comidas recurriendo a comidas para recoger y al bar de la esquina, opciones ahora imposibles por quedar inhabilitadas.
El otro día, mi prima Chachi, que ahora está más o menos perdida en estas lides, como pueda estarlo yo, me preguntó qué iba a poner para comer. Yo le dije lo propio y también le respondí que ahora tenía trastocada esta rutina por no poder recurrir a comidas externas que me resolvían algún día de la semana con comodidad para mí y variedad para los demás.
Ayer mismo le prometí una lista de posibles comidas, y aquí la pongo, aunque con seguridad se me olvidará más de una, pero tenemos días para añadirlas, en otro post dominical especial.
Cuando pienses en algo que echar al coleto
y se te agoten las ideas cocinadas,
echa un ojo a este listado modesto,
una relación de comidas, a mi prima dedicadas.
Vamos al pollo, señores, recurrente y sencillo,
al horno, en salsa, frito y a la plancha,
con arroz, con verdura, o guarnición de patatas,
troceado, relleno, en rollitos, siempre está rico.
Las pastas son gran recurso para llenar el vacío:
macarrones y espagueti, con atún, carne o paté,
con verdura, carbonara, putanesca, boloñesa,
y tallarines también, o lasaña y canelones, no hay lío.
Merluza, no, no te insulto, te sugiero que la pruebes
a la plancha, en guiso, con guarnición de verduras
o patatas, en salsa de tomate o en salsa verde,
un pescado que encontrarás congelado y fresco.
Para todos los bolsillos, el cocido, y lo que estira…
De la olla sacas el plato principal, y la sopa, para empezar,
y con la pringá, montaditos, o croquetas para variar,
con los restos del cocido, ropa vieja; tocino “pa las tostás”.
Calentitos para el cuerpo y te resuelven el día,
los potajes de garbanzos, lentejas y judías.
Y los puedes preparar con la idea tierra y mar.
También en frío, con lo que quieras puedes aliñar.
Mucho juego tienen las verduras variadas,
hervidas, aliñadas, rehogadas, en el horno, a la plancha.
Escalibada, piriñaca, pisto, menestra, no acabas,
piensa en mil sabores y colores, la mente es ancha.
¿Y qué tenemos de tapas?
Tenemos la ensaladilla, el huevo relleno, la papa “aliñá”,
el atún encebollao, los boquerones fritos, ahí es “ná”.
También garbanzos con espinacas, y montaditos a “patás”.
Además, la albóndiga, la carne con tomate, ensaladas variadas,
carrillada de ternera, chateaubriand, pastel de carne,
lubina, pescada, besugo -no es insulto-,
es que al horno, el pescado tiene su punto.
Y ya me está dando el hambre, de tanta comida nombrar,
así que por hoy, querida prima, la lista voy a cerrar.
¡Que te sirva y te cunda y hasta el próximo dominical!