Harta de gente tóxica en mi vida, en mi alrededor, en mi día a día, en mi trabajo, sobre todo en mi trabajo. No podéis conmigo aunque lo intentéis todo. Os podéis ir retirando con vuestras frustraciones y complejos. Utilizad el espejo para joderos a vosotras mismas. Yo sigo con más fuerza tras cada envite. Incluso sois fuente de inspiración para desatar mi faceta escritora.
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Impresiones, Crítica, Poesía: Saciar emociones, soltar amarras, decir lo que pienso, expresar lo que parece, pisar el firme, derramar silencios...
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martes, 20 de junio de 2017
Harta de gente tóxica
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El poder de la palabra,
Personas tóxicas
lunes, 19 de junio de 2017
¡Ay Maca-Maca, ay!
Me contaron unos amigos algo sobre un hombre ya mayor
del barrio que se deja la pensión en las barras de los bares y que ya ha
protagonizado diversos incidentes de orden menor. Lo llaman Maca-Maca porque
siempre anda canturreando, por la calle o en los bares, el estribillo de la
famosa “Macarena” de Los del Río, pero en lugar de decir “ay, Macarena” él dice
“ay, Maca-Maca”.
Un buen día, en el bar de la calle de
atrás de casa, era tal la cogorza que llevaba que empezó a abrirse la bragueta
delante de todos los presentes, porque -según decía- se estaba orinando y
quería ir al servicio; se había figurado, a todas luces, que el servicio estaba
allí mismo para su uso personal. Con la camisa medio remetida en el pantalón
prácticamente amarrado con el cinturón, como una lechuga, bamboleándose dando
tumbos y traspiés, se fue acercando a unos barriles de cerveza apilados en un
extremo de la barra, abriendo del todo la portañuela del pantalón y sacando la
minga, que ya le goteaba orín, y que al sentirse liberada de las telas estalló
en una meada gloriosa que ni siquiera pudo parar los brazos del camarero
expulsando a su dueño a la calle, con reproches a voz en grito e insultos, y
también de los presentes, y bajo sus miradas atónitas.
Hace pocos días coincidí con él en el Centro de Salud. Le contaba a otra paciente de la sala de espera que se había caído de la cama y de ahí las tres o cuatro heridas en su brazo, que no parecían ser de un golpe como el que él relataba sino más bien de una paliza o pelea de medio pelo. En su voz resbalaban las palabras y sin embargo no aparentaba estar bebido. De pronto se metió la mano en uno de los bolsillos de su pantalón y la removió como si se rascara. Con sonrisa socarrona le dijo a la otra paciente: “¡Mira niña, como el del chiste!: ¿ciruelillas, cuándo he comprado yo ciruelillas?, es broma, ¿eh? Maca-Maca ¡ay!”
La enfermera lo llamó y entró. En
cualquier caso lo agradecí porque, solo verlo, recordé el incidente de la meada
del bar y rogué para que no hiciera un bis en la sala de espera del Centro de Salud.
Salió diciendo que se iba a tomar una copita.
Salió diciendo que se iba a tomar una copita.
Publicado por María José Gómez Fernández para #relatosBolsillos de @divagacionistas
Publicado en recopilación de #relatosBolsillos de @divagacionistas para el mes de junio.
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